Cada año se desperdicia en el mundo entre un cuarto y un tercio de los alimentos que se producen
La cantidad de comida que se desperdicia en el mundo se
puede ejemplificar de muchas maneras, todas preocupantes: los países
desarrollados desaprovechan entre 250 y 300 kilos por persona y año; en
el África subsahariana y el sudeste asiático se pierde el equivalente a
entre 400 y 500 calorías diarias per cápita; la superficie de la tierra
dedicada a producir alimentos que se malgastan equivale a la de Canadá y
la India unidas. Este despilfarro representa entre un tercio y una
cuarta parte de los 4.000 millones de toneladas de comida que se
producen anualmente en el planeta, según destaca un informe del Banco Mundial (BM).
El desperdicio cero resulta inalcanzable, pero el margen de
mejora es amplísimo. José Antonio Cuesta, autor del estudio, explica
que no hay una serie estadística que permita observar tendencias, pero
se muestra convencido de que no va a la baja. “Los únicos datos fiables
que tenemos son de EE UU y Reino Unido, donde el desperdicio ha crecido
en los últimos años. No podemos tomar estos países como referencia, ya
que tienen unas características socioeconómicas muy concretas que no son
extrapolables a buena parte del mundo, pero sí muestran que queda mucho
por hacer”, resume.
Las soluciones son múltiples, algunas de un gran coste económico en
infraestructuras, otras que requieren solo pequeñas inversiones y
algunas que atañen a la concienciación de los consumidores y
distribuidores. La mayoría del dispendio innecesario de alimentos se
reparte en las fases de consumo (35%), producción (24%) y almacenamiento
de la comida (24%). En cada etapa de la cadena hay posibilidades de
mejora, que se pueden dividir en dos grandes bloques: las que conciernen
mayoritariamente a los países desarrollados (donde se despilfarra el
56% de los alimentos del planeta) y las del resto (que pierde el 44%
restante).
A lo largo y ancho del planeta, los países están implementando fórmulas para atajar este derroche. Entre ellas:
Países en desarrollo
1. Refrigeradores de vapor. Los sistemas
de almacenamiento en países en desarrollo pueden verse afectados por
numerosos factores: cortes del suministro eléctrico, monzones,
conflictos que retrasan los repartos. Para evitar que la temperatura de
la comida dependa de la electricidad, países como Tanzania o India están
usando refrigeradores que utilizan el vapor generado por los propios
alimentos cuando les da el sol para mantener su temperatura. De esta
forma se evita que algunas cosechas se echen a perder por el calor.
2. Cajas rígidas. Soluciones tan simples
como utilizar cajas rígidas similares a las que usan habitualmente las
fruterías de los países desarrollados suponen la diferencia entre perder
cientos de kilos de alimentos por golpes y aplastamientos o
aprovecharlos. En Afganistán, por ejemplo, se están sustituyendo las
bolsas tradicionales por estos recipientes para los tomates.
Lo que más se desperdicia
Al medir en peso, la fruta es sin duda el tipo de alimento
que más se desperdicia en el mundo. Supone un 44% de las alrededor de
1.300 millones de toneladas de comida que se despilfarran anualmente,
según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Le siguen las raíces y tubérculos (20%), los cereales (19%) y, a más distancia, la leche (8%).
Sin embargo, como señala el informe Reduciendo el desperdicio y la pérdida de alimentos
del World Resources Institute, entre estos tipos de alimento varía
mucho el aporte calórico por kilogramo. Por ejemplo, un kilo de harina
de trigo contiene un 12% de agua y 3.643 kilocalorías, mientras que uno
de manzanas, de media, tiene un 81% de agua y 1.704 kilocalorías. “Por
esa razón, medir por el peso no refleja de forma coherente la energía
desperdiciada que podría haber sido consumida por la población”, apunta.
Su alternativa es cuantificar las calorías. De esta forma, los
cereales se situarían en cabeza de la lista, con un 53% de la energía
perdida. Le siguen raíces y tubérculos (14%) y frutas y verduras (13%).
3. Bolsas de plástico selladas herméticamente.
Es otra solución sencilla que puede evitar que plagas de insectos
devoren cosechas recolectadas. Los agricultores en Nigeria están
empezando a emplearlas para las semillas.
4. Silos de metal. Normalmente, las
cosechas son trasladadas a grandes silos. Entre el transporte y el
almacenaje, el alimento pasa por fases en las que suele haber pérdidas.
Kenia está experimentado con recipientes metálicos más pequeños, que
pueden ser usados por familias y comunidades para conservar mejor la
comida y evitar mermas en el proceso.
5. Infraestructuras. Si las soluciones
hasta ahora eran baratas y fáciles de poner en marcha, esta requiere de
grandes inversiones: mejorar las carreteras, las líneas eléctricas y los
sistemas de transporte de los países en desarrollo ayuda a aprovechar
mejor los alimentos.
Países desarrollados
6. Reducir las ofertas. Las promociones de
dos por tres son el clásico ejemplo de inducción al desperdicio, ya que
el consumidor compra más de lo que realmente necesita y a menudo acaba
tirándolo.
7. Eliminar los contratos de mínimos.
Muchos supermercados occidentales acuerdan con los agricultores adquirir
un número determinado de kilos de comida, de forma que si por algún
contratiempo se recolecta menos, el contrato queda invalidado. Esto
provoca que los productores siembren más de esa cantidad para compensar
posibles pérdidas, de forma que si todo va bien, acaban sobrando
alimentos que finalmente se tiran.
8. Permitir donaciones. Hay países, como
EE UU, que tienen prohibido a los restaurantes donar alimentos porque ya
han sido expuestos. Cambiar estas reglas para que cuando sobren se
puedan aprovechar ayudaría a desperdiciar menos comida en el sector de
la hostelería.
9. Evitar compras impulsivas. Esto pasa
por concienciar al consumidor de adquirir solo lo que cree que va a
gastar, huir de las antedichas ofertas y planificar lo que va a comprar
antes de ir a la tienda.
10. Reciclar. Cuando en las casas sobra
comida, es recomendable reusarla para otros platos, como se hacía
tradicionalmente con el pollo y las croquetas, por ejemplo. Es una
costumbre que se está perdiendo por el cambio de hábitos en la cocina,
que deja menos tiempo para preparar los alimentos.
Muchas de las circunstancias. que hacen desperdiciar
alimentos son, sin embargo, consecuencia de otro tipo de progresos, como
señala Alicia Langreo, directora de la sociedad de estudios Saborá,
especializada en sistema alimentario. Se refiere, por ejemplo, al último
punto de este decálogo: "Se pasa menos tiempo en la cocina porque la
mujer se ha incorporado al mercado de trabajo y eso es algo que no
queremos cambiar. También se desperdicia más porque los alimentos son
baratos y a muchas personas no les merece la pena andar reciclando. Sin
embargo, tampoco es deseable que los precios suban".
Ciertas normativas alimentarias, como sucede con la
europea, también favorecen, en cierta medida, que se desperdicie más
comida. Es el caso de los restos animales que antes se destinaban a
piensos, algo prohibido desde la crisis de las vacas locas. "Es una
cuestión de seguridad alimentaria", apunta Langreo quien señala la
concienciación y una mayor cultura sobre la comida como posibles
soluciones al despilfarro. "Lo que está claro es que algo estamos
haciendo mal cuando un tercio de la población tiene sobrepeso o pasa
hambre", sentencia.
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