dijous, 8 de maig del 2014

La desaparición de las abejas amenaza el 70% de cultivos para consumo humano


 


Greenpeace pide que se prohíban los productos químicos nocivos para estos insectos

Casi tres cuartas partes de los cultivos para consumo humano españoles están en jaque por el declive de la población de abejas y de otros polinizadores, según un estudio presentado hoy en Barcelona por Greenpeace. Kiwis, calabazas, melones, sandías, calabacines, manzanas, melocotones o almendras son algunos de los cultivos más dependientes de la polinización de estos insectos y, por este motivo, la entidad ecologista alerta de que, en algunos casos, su producción podría caer hasta un 90% e, incluso, llegar a desaparecer.
En el estudio de Greenpeace se pone de relieve la importancia que los insectos polinizadores tienen para el sector agrícola. La entidad calcula que el beneficio económico de este "trabajo gratis" supera los 2.400 millones de euros, según datos del 2011.


Pero este "trabajo" de los insectos, y en especial de las abejas, está amenzado. El sector apícola denuncia que la mortalidad de abejas se sitúa entre el 20% y 40% en el conjunto de España y, en el caso de Galicia, el 56% de las colonias de abejas han desaparecido desde el año 2000. Un caso similar es el de las mariposas, que también llevan a cabo la polinización, ya que su población se ha visto reducida a la mitad en 20 años.
La entidad ecologista relaciona la alta tasa de mortalidad de la población de abejas con, especialmente, el uso de productos fitosanitarios y a la aparición de la avispa asiática que, según la ONG, puede amenazar al sector económico español que depende de la polinización. Greenpeace alerta de que en España el uso de pesticidas aumentó un 56% entre 1990 y 2010. Asimismo, la ONG pide que se prohíban 317 productos fitosanitarios que se usan en el campo que el propio Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente califica  como “muy peligrosos”, “peligrosos” o incluso “alta peligrosidad” para las abejas.
Además, la organización urge a los gobiernos el desarrollo de un plan integral de acción para proteger a las abejas melíferas y demás polinizadores, y establecer una hoja de ruta para que, en 2050, el 100% de los cultivos españoles sean ecológicos. Para empezar, la entidad propone ampliar a 7,6 millones las hectáreas destinadas al cultivo ecológico en España, lo que supondría un 30% del territorio agrícola.
La organización ha recordado que, a pesar de que la polinización es una actividad que pasa "muy desapercibida", su función es "fundamental", ya que de ella depende un tercio de la alimentación mundial. Greenpeace afirma que España "tendría que ser el principal defensor de estas especies", ya que es una de las más importantes economías agrícolas de Europa y en la que hay mayor número de apicultores.
El sector español más afectado por la reducción de la población de abejas es, según la entidad, el de los frutos secos, seguido por el frutícola y el hortícola. Especialmente grave es el caso de la industria de la almendra en España, que es la segunda del mundo, ya que su supervivencia depende en un 90% de la polinización.
Las comunidades españolas que mayor beneficio económico tuvieron en 2011 por la polinización fueron Andalucía, con 878 millones de euros; Cataluña (321); Murcia (249); Aragón (194) y Extremadura (183). Asturias, con una ratio de vulnerabilidad del 34%, Cataluña (25%), Murcia (24%), Aragón (17%) y Galicia (16,5%) son las comunidades autónomas más amenazadas por la pérdida de especies polinizadoras, cuya función Greenpeace considera "insustituible". Greenpeace ha advertido que es necesario tomar decisiones respecto a este problema, ya que "de ello dependen las generaciones futuras".

dimarts, 6 de maig del 2014

Una mina de uranio atravesará un área protegida en Salamanca


 


Grupos ecologistas denuncian el proyecto ante la UE por su riesgo ambiental

Como si se tratase de una aparición, los grupos de jubilados que pasean por la carretera SA-322 junto a Baños de Retortillo (Salamanca) se detienen, perplejos, ante las oficinas que Berkeley Minera España SA, de matriz australiana, acaba de construir en medio del encinar. Son la primera muestra visible del proyecto Retortillo-Santidad; un plan que, cuando se materialice, albergará una de las pocas minas de uranio a cielo abierto que hay en Europa.
La explotación está ubicada apenas a un kilómetro del balneario, en medio de un bosque mediterráneo de gran valor ecológico y ambiental. De hecho, existen dos directivas europeas que protegen la zona dentro de las redes ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves) y LIC (Lugar de Importancia Comunitaria). Pero estas no han sido obstáculo para que la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León emitiese, el 25 de septiembre de 2013, una Declaración de Impacto Ambiental (DIA) favorable al proyecto. Una “decisión precipitada e incomprensible”, según José Luis Moreno, presidente de la plataforma Stop Uranio; y que choca, además, con la prudencia que sí ha tenido la Comisión Europea al conocer el proyecto, que ha decidido abrir un expediente informativo en respuesta a la denuncia interpuesta, el pasado 30 de agosto, por Stop Uranio. Esta plataforma denuncia que Berkerley “incumple el Programa General de Medio Ambiente de la UE de horizonte 2020”, por el que se pretende “que el capital natural esté protegido y mejorado, además de que se salvaguarden la salud y el bienestar de los ciudadanos”. La Comisión aún está recabando datos y no ha decidido si llevará el expediente adelante.

La explotación dejará en la zona residuos radiactivos
Por su parte, el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) tiene entre sus competencias exigir a la empresa que cumpla los protocolos que rigen para este tipo de explotaciones. Y si considera que el dossier está incompleto, se lo hace saber. Así ocurrió el pasado 5 de marzo, cuando pidió a Berkeley que hiciese correcciones tras haber observado “carencias significativas”. Le viene a decir que los residuos son radiactivos y deben ser tratados como tales; no como pretende la empresa, que los considera residuos sin más y así podría depositarlos al aire libre o en el hueco que deje la extracción de mineral. “Lo que el CSN pide es un tratamiento similar al que se requiere para los cementerios nucleares”, comenta Gabriel Risco, portavoz de Equo en la región.
También los portugueses se han interesado por la mina —la frontera apenas queda a 50 kilómetros—. Grupos ecologistas de ambos países se han reunido recientemente en Villavieja (pueblo al que pertenece parte del yacimiento) para denunciar los daños que explotaciones como esta, en las que se manipula mineral radiactivo, pueden causar a las personas y al medio ambiente.
Mientras tanto, Berkeley sigue cumpliendo los plazos y aportando la documentación que le exige el CSN y espera que la Administración le autorice a iniciar los trabajos cuanto antes. “Confiamos en que sea a principios de 2015”, dice Francisco Bellón, su director general, quien añade por si alguien dudara de la seguridad del proyecto: “Hemos pedido estudios radiológicos, medioambientales, sobre el impacto del ruido y las explosiones o sobre la restauración de terrenos a empresas especialistas internacionales”. “Entiendo que la mina pueda generar alguna sensibilidad, pero precisamente por eso hemos desarrollado un proyecto absolutamente riguroso”, concluye. Y es que, efectivamente, la “sensibilidad” en la zona es grande; unos porque creen que la mina va a ser el maná que les saque de pobres —Berkeley ha prometido crear 196 empleos—, y otros porque no acaban de entender que “pueda cometerse tal salvajada ecológica y medioambiental, además de que se va a envenenar a la población”, dice Jesús Cruz, autor de un blog muy activo en contra de la mina.

La empresa espera empezar los trabajos a principios de 2015
Aunque lo que prima es el miedo. Miedo que no se expresa habitualmente, pero que altera el rostro cuando alguien pronuncia palabras como uranio, radiactividad, Fukushima, Chernóbil o cáncer. Además, la población teme que la mina les impida comercializar su ganado (cerdo ibérico y vacas morucha, sobre todo) o que los bosques de robles, alcornoques y encinas se mueran por efectos del polvo radiactivo. De momento, solo para que la mina se abra, más de 25.000 de estos árboles deben ser arrancados.
La veta de uranio, de 4,3 kilómetros de longitud, casi uno de ancho y 120 metros de profundidad (según las prospecciones de Berkeley), está partida en dos por el río Yeltes, cuyo cauce y riberas están protegidos por las directivas europeas ya citadas. La empresa tiene previsto vallar 2.517 hectáreas, de las que 240 estarán ocupadas por la huella minera, escombreras y una decena de balsas; enormes contenedores de líquido que mediante el procedimiento de lixiviación estática facilitarán la extracción del óxido de uranio (U3O8). Este sistema requiere cantidades ingentes de agua que, mezclada con productos químicos como el ácido sulfúrico, la sosa cáustica o el ácido clorhídrico, posibilitará la decantación del mineral.
El yacimiento, según Berkeley, alberga cinco millones de kilos de U3O8 que, “al precio actual en el mercado a largo plazo”, explica Bellón, “tendrían un valor de más de 430 millones de euros”. “La mina, entendemos, es muy rentable”, concluye Bellón. Eso a pesar de que la vida prevista son 10 años y la inversión se calcula en 354 millones de euros.

 

El ruido que trae el dinero

Uno de los yacimientos de uranio en superficie más ricos de Europa y, por tanto, fácil de explotar está en un territorio que durante los siglos IX al XII fue tierra de nadie y que hoy, azotado por la emigración y el desempleo, vive todavía en el olvido. “Hasta que llegó Berkeley... Nadie hasta entonces se había ocupado de esta comarca”, se queja José Luis Moreno, presidente de Stop Uranio. Pueblos como Retortillo, de 244 habitantes, según datos del INE de enero de 2012; Villavieja, 899; Villares, 132; o Boada, 307, son fiel reflejo del abandono secular que sufre esta comarca. Una comarca con bosques que albergan aves como la cigüeña negra o el buitre leonado y, en sus corrientes fluviales, especies endémicas como la sarda salmantina.
Esta tierra estaba tranquila hasta que llegó el dinero fácil del uranio. Y los 50 millones de euros que dice haber invertido ya Berkeley en la zona han provocado no poco ruido. ¿En qué los ha gastado? “Parte de ellos en comprar voluntades y quién sabe si también a algunos alcaldes”, denuncia el activista Jesús Cruz.
Villavieja y Retortillo han recibido ya 86.528 euros el primero y “algo más de 110.000 el segundo”, según Javier Santamartina (PP), su actual regidor. También Villares de Yeltes, aledaño a la mina, “ha cobrado algo”, dice el alcalde, José Manuel Hernández (PP). “Les hemos sacado 19.000 euros de compensación para el pueblo”, dice.
Jorge Hernández, alcalde de Villavieja (PSOE), pueblo al que pertenece el yacimiento Santidad, se justifica: “Si el pueblo se levanta, este Ayuntamiento se pone en cabeza, pero aquí nadie ha protestado”. No es de la misma opinión el alcalde de Boada, Matías Garzón (PSOE), que convocó un referéndum. ¿Resultado? El 98% del pueblo votó en contra de la mina. “Es un disparate y el daño será irreparable para todos”, augura Garzón.

dijous, 24 d’abril del 2014

Video clima

Hoy nos atrevemos a provar con un video:
Espero que sea de vuestro agrado.

dijous, 10 d’abril del 2014

Colombia “lava” uno de los ríos más contaminados del mundo

El río Bogotá, donde van a parar las heces de 8 millones de habitantes, es sometido a una titánica tarea de descontaminación

El dragado y remodelación de esta vía fluvial de 380 kilómetros de largo beneficiará el medio ambiente y a quienes viven en sus riberas, expuestos a serios problemas de salud. El del río Bogotá no es un caso aislado en Latinoamérica: se calcula que unos 100 millones de personas viven en áreas urbanas que no cumplen con los requisitos mínimos de calidad ambiental, especialmente cerca de ríos donde van a parar 70% de las aguas residuales. Para este proyecto en particular es necesario “reasentar” a cientos de colombianos. Estos son los testimonios de quienes viven a orillas de este río infernal, ahora en proceso de recuperación.

dimarts, 8 d’abril del 2014

“Hay que educar a la gente para que no ponga en peligro las especies”


Las mariposas se cruzan con los mapas en la vida de Rosa Angulo (Vitoria, 1953), pero lo que de verdad ha terminado arrebatándola ha sido la posibilidad de combinar las dos vertientes en un proyecto para acercar la ciencia a los ciudadanos. Imagine que está dando un paseo y fotografía con su móvil una lagartija, una flor o un arbusto muy raro. ¿Le gustaría recibir en unos días un correo electrónico con su nombre científico? Solo por el puro gusto de saberlo. Eso es lo que haceBiodiversidad Virtual (BV), una plataforma que ya acumula más de un millón de fotografías de naturaleza hechas por particulares y que catalogan 300 expertos, entre ellos biólogos o entomólogos, que también colaboran de forma gratuita. “Es un mapa de la vida de todo un país”, resume Angulo. “Muchas Administraciones querrían nuestros datos, somos una golosina”.
Risueña y habladora, Angulo trabaja desde hace más de 30 años en elCentro Nacional de Información Geográfica, dependiente del Ministerio de Fomento. Por las tardes, aplica sus conocimientos sobre Sistemas de Información Geográfica (SIG), mapas que se cruzan con bases de datos, a la plataforma Biodiversidad Virtual. “Me captó Antonio Ordóñez, su director, en 2008, durante un testing en Biescas (Huesca)”, relata frente a un café descafeinado. Los testing son salidas al campo que consisten en realizar el número máximo de fotografías de la biodiversidad de un área. “Perdí muchas mariposas por el camino, pero me contagió su pasión”, recuerda. Organizan estas expediciones, cada vez con más seguidores, con mil motivos: para denunciar el mal estado de una zona, para buscar especies casi desaparecidas... Los participantes están sujetos a un código ético, que incluye, por ejemplo, no pinchar los insectos o no cortar flores. “En BV tampoco se da información precisa de los lugares donde se han tomado las imágenes, hay que educar a la gente para que no pongan en peligro las especies”, comenta.
Su vinculación a la naturaleza viene de su infancia en el País Vasco. “Fui montañera y ya hacía fotos con una Olympus, aunque el presupuesto no daba para tanta copia a papel”, relata. Aunque haya terminado trabajando en Madrid, vive en la sierra. Escoge la cafetería Van Gogh (antigua Galaxia), porque le viene mejor para después marchar a casa. El café, en el que llegó a reunirse Tejero para tramar un golpe de Estado fallido previo al 23-F, está ahora decorado con la obra del pintor neerlandés, mucho girasol. Al salir, rememora el día en que Tejero asaltó el Congreso. “Me vi con la maleta hecha”, confiesa.
Angulo detalla con entusiasmo las diversas facetas de su colaboración con Biodiversidad Virtual. Se encarga de facilitar, por ejemplo, que estudiantes de biológicas, colegios o casas rurales tengan un lugar reservado en el que subir y consultar sus imágenes. Llegado el momento, se frena para no apabullar. “Me pasa igual con mis dos hijos, a los que intento no hablar tanto de mariposas”, reconoce.

Esta curiosidad y pasión por la naturaleza se repite en los usuarios y miembros de la plataforma ciudadana. “Tenemos dos jubilados en Almería y Segovia que han podido subir entre los dos 160.000 imágenes, otra mujer de Barcelona, con 90 años, ha clasificado una infinidad de plantas”. Todo gratis, y para el disfrute colectivo.

dijous, 3 d’abril del 2014

La rebelión por el agua

 

Veinte años después de ganar la batalla por la democracia, los antiguos guetos heredados del 'apartheid' en la Sudáfrica actual luchan para que gran parte de su población deje de vivir en la más absoluta precariedad.
                                                                            Los 27 grados centígrados del mediodía se multiplican en el interior de la pequeña casa de lata, impregnada de una mezcla de olor a desinfectante y a carburante con el que la familia cocina. La vivienda no tiene agua corriente ni electricidad, así que abundan cubos y velas.
Estamos en Sebokeng, pero la estampa es común en los antiguos guetos heredados del apartheid en la Sudáfrica actual, que 20 años después de ganar la batalla por la democracia sigue en medio de la lucha para que una parte considerable de su población deje de vivir en la más absoluta de las precariedades. Sólo en la provincia sureña de Western Cape ­(con Ciudad del Cabo de capital), cada año muere un centenar de personas que vive en chozas y barracas a causa de incendios provocados por la mala combustión o de una vela mal apagada.
Las últimas víctimas de esta tragedia son cinco miembros de una familia de Ciudad del Cabo que perecieron carbonizadas en febrero ante la impotencia de los vecinos que fueron incapaces de socorrerle.
“Nuestros padres lucharon por las libertades, ahora nosotros por tener servicios decentes pero es la misma lucha”, resume Themba Zuane Dlamani, de 40 años y vecino de Kliptown, otro de esos barrios integrado en el gigante Soweto, a una veintena de kilómetros de la capital económica del país.

El 13% de un censo de 52 millones de personas sigue malviviendo en guetos
En las dos décadas de democracia, según datos ofrecidos por el presidente, Jacob Zuma, en su discurso del Estado de la Nación, 500 guetos de barracas han desaparecido para convertirse en barrios con casas modestas pero con los servicios básicos de agua y luz. No obstante, el propio Ejecutivo reconoce que la emigración interna empuja a centenares de miles de sudafricanos a dejar sus aldeas rurales para trasladarse a ciudades, incapaces de absorber tanta demanda. Este movimiento provoca que hoy haya el mismo número de barraquistas que hace dos décadas. Así, alrededor del 13% de un censo de 52 millones de personas sigue malviviendo en barrios como el de Sekoneng.
Elias Sithole, 48 años, mata como puede las horas en esa casa de Sebokeng, un gueto que en soto significa “lugar de encuentro” y en el que viven unas 200.000 personas repartidas por barrios desconectados entre sí. Hay partes con casas renovadas y dotadas de servicios, aunque en todo este territorio no hay calles asfaltadas y las farolas del alumbrado público van más que escasas.
“¿Ir a tomarme una cerveza? Me encantan los shebeens (bares) pero no tengo dinero para tomarme nada”, admite este hombre que no trabaja desde hace un par de años y subsiste con los seis euros diarios que su mujer gana los tres días que va a limpiar casas a la ciudad. Poca cosa.
Sithole ha participado activamente en las protestas organizadas en su paupérrimo barrio para reclamar mejoras en los servicios. Como su vecina Annah Seholaro, que lleva una década y media sin un empleo. Entre septiembre de 2013 y enero de 2014, se estima que un millón de residentes en guetos en Sudáfrica ha participado en más de 3.000 manifestaciones, algunas de las cuales han terminado con cargas policiales que han dejado al menos una decena de muertos. De norte a sur y de este a oeste, los townships (la denominación local que se le da a los guetos) se van contagiando de ese malestar y hartazgo y como si se tratara de chispas se encadenan las manifestaciones callejeras.
Además, la ira de los manifestantes se ha traducido en el ataque o quema de, paradójicamente, los escasos servicios públicos de que disponen y reclaman, como una clínica, biblioteca o la comisaría de un poblado.
En Kliptown, donde en enero también salieron a la calle, hay cierto disgusto por esos ataques y el joven Shipo Dladla, advierte que aunque los de su generación están “ya” hartos de falsas promesas, deben “aprender a luchar y a reivindicar sus derechos sin cargarse con lo que se ha conseguido hasta ahora”.
La prensa local las ha bautizado como las protestas de la prestación de servicios y los articulistas y tertulianos tratan de entender si se trata sólo de una petición de mejoras en el suministro del agua, la electricidad o las viviendas o, en realidad, es un exponente del malestar de la calidad democrática del país o quizás de la tremenda desigualdad social que cada año que pasa se agranda, según advierten los datos.
Sithole y Seholaro tienen claro por qué se echan a las calles. “Estamos hartos de esperar a que el Gobierno cumpla las promesas de que mejorará nuestras condiciones”, explica el hombre, que confiesa que su largo periodo sin trabajo está resintiendo su relación de pareja.

Más de un millón de personas han participado en 3.000 protestas entre 2013 y 2014
Como un contrasentido, a escasos metros de su barraca se alza una enorme torre eléctrica que transporta luz artificial sin hacer parada, condenando así a esta zona a la llama de la vela. “Sería fácil tener electricidad con esta torre aquí, se lo hemos dicho al Ayuntamiento, pero ni caso”, dice mientras mira el monstruo de hierro que cicatriza un barrio donde el marrón de la tierra de las calles se mezcla con el verde de plantas silvestres y árboles frutales que plantan los vecinos para autoconsumo. De vez en cuando, también aparece algún huerto con cuatro calabazas o cebollas mal contadas que intentan crecer entre tanta sequedad.
Seholaro llegó al barrio hace una década atraída por “la promesa del Gobierno” de que en Sebokeng en breve repartirían casas nuevas. Ahora, con 49 años vive con un hijo de 32 en una barraca de latón sin servicio alguno. Ninguno de los dos trabaja y no reciben más ayuda que los pocos rands (moneda sudafricana) que la familia extensa les puede ir pasando. También poca cosa.
A Seholaro el mediodía le coge haciendo la colada en la sombra de una especie de porche multicolor por la variedad cromática de las chapas que forman su barraca. Para cocinar, beber, lavar o asearse tiene que ir primero a buscar el agua a un grifo comunitario a un centenar de metros de distancia. Está acostumbrada porque jamás ha tenido el grifo en su casa.
Seholaro pone rostro a las estadísticas oficiales que estiman que en Sudáfrica casi dos de cada 10 habitantes deben ir a buscar el agua en fuentes comunales o pozos, mientras que otro 9% sencillamente no tiene acceso.
En casa de Sithole cada día gastan unos 20 litros de agua. En total, cada día carrean con unos cuatro grandes cubos de plástico. La cifra se multiplica en las barracas que ocupa la gran familia de Maria Mokoena.
Los Mokoena pasaron todos los trámites para solicitar una nueva casa en 2006. Y desde entonces esperan. “Por respuesta nos dan más promesas, así que la violencia y la lucha es la única solución porque hemos pedido las mejoras miles de veces y nada”, lamenta.
Maria tiene 33 años y cuatro hijos de 12, 10 y cinco años que van a la escuela gratuita del poblado, y el pequeño Chris, de cuatro meses, que se quedará en casa hasta los tres años para ahorrarse la matrícula.
Los cuatro son fruto de la relación con su compañero, con el que no piensa casarse, explica riendo. La familia subsiste con el escaso sueldo del hombre construyendo carreteras y las ayudas sociales de 20 euros por criatura y mes.
Si descuenta el transporte público para ir al trabajo, la ropa, la comida y el carburante para hacer funcionar la cocina, los ingresos se quedan en casi nada. La joven madre se despierta con el tiempo justo de preparar a los tres hijos mayores para que acudan limpios a la escuela. “No les doy de desayunar porque lo hacen en la escuela gratis. A la noche cenamos todos juntos”, afirma.
La cocina, como la mayoría del poblado, funciona con parafina. Un litro, 12 rands, al cambio 80 céntimos de euro, que dan para poco más que preparar la cena y calentar un poco de agua para el aseo de los menores. Cada día se gasta en esa casa 1,5 litros. En Sudáfrica, el 18% de la población carece de instalación eléctrica, así que hay que optar por alternativas como la parafina (casi el 8% de cocinas) o leña (13%), según recoge la estadística oficial de 2011.
Sorprende que en la barraca haya una televisión de plasma. Maria explica que se dan un pequeño lujo, de encender un generador eléctrico para ver alguna de las series sudafricanas más populares, cuenta sentada en la cama. No más de una hora al día porque el carburante con el que alimentar la máquina está a casi un euro por litro, lo que se necesita para producir una hora de electricidad.
A través de su ventana se ve a Martha Mokoena, la abuela de Maria, que sentada en una silla aprovecha una pequeña sombra que la alivia del calor seco del verano austral. Tiene 74 años y sólo habla soto y afrikáans, así que su nieta traduce sus palabras. También carece de luz y de agua y como vive con su hijo y tres nietos le ahorran el trastear los cubos y la leña para encender el fuego de la cocina. A pesar de todo, la mujer asegura que hoy vive "mucho mejor en Sudáfrica que con el apartheid”.

Hoy la brecha que separa a la riqueza de la miseria es más ancha que durante el régimen supremacista blanco
Las estadísticas le dan en parte la razón, aunque en la Sudáfrica de hoy la brecha que separa a la riqueza de la miseria es más ancha que durante el régimen supremacista blanco. Más de la mitad de los sudafricanos es pobre, mientras que a pocos kilómetros de distancia de esos paupérrimos barrios una clase media-alta, que se estima en el 15%, reside en casas con jardín y piscina y conduce vehículos de gran cilindrada.
Zuma ofreció en su discurso datos que, a su juicio, dejan entrever que aunque a poco a poco, la política del Gobierno avanza en la buena dirección y puso de ejemplo que cada vez son más los sudafricanos beneficiarios de las ayudas sociales. El problema es que hoy el número de subsidios supera en un millón al número de trabajadores en activo. En cifras, 16 millones por 15 millones, y con una economía frenada por la recesión global que ha pasado de crecer en las dos últimas décadas a una media del 3,5% a cerrar el 2013 con apenas el 1,8% y una inflación que ha disparado la cesta de la compra por encima del 5%.
Un estudio reciente de la Universidad de Johannesburgo advierte de que los residentes en los guetos empiezan sus reivindicaciones de forma pacífica, intentando dialogar con los consejeros municipales pero a la vista de que nadie les hace caso, estallan en una protesta violenta. “Es una rebelión de los pobres”, se atreve a calificar Peter Alexander, profesor de Psicología y coautor del informe. El experto apunta que los altercados en esas manifestaciones también responden al contexto internacional de las primaveras árabes o movimientos extrapolíticos que se atreven a quejarse ocupando la calle. En cualquier caso, Alexander y sus colegas aseguran que “no hay solución a corto plazo” y que es demasiado pronto determinar si estas manifestaciones de los guetos se generalizarán como, por ejemplo, pasó en Turquía o Egipto. Como resumía un analista político recientemente, la “se terminó la luna de miel” de la Sudáfrica que soñó Nelson Mandela.

dimarts, 1 d’abril del 2014

Japón no descarta seguir con la caza de ballenas en el Antártico en un futuro

 El gobierno nipón acata la sentencia de la Corte Internacional de Justicia, pero deja la puerta abierta a futuros programas



El ministro de Pesca de Japón, Yoshimasa Hayashi, ha anunciado este martes la suspensión de los programas de investigación actuales sobre ballenas en el océano Antártico un día después de que la Corte Internacional de Justicia dictaminara que la pesca de ballenas por parte de Tokio no tiene fines científicos y prohibiera la concesión de nuevos permisos. El Gobierno ha dejado la puerta abierta a futuros programas.

"Las ballenas son una importante fuente de alimentación, como cualquier otra especie marina. Japón mantiene su posición para continuar usándolas de una manera sostenible y con fines científicos", ha asegurado este martes el ministro nipón de pesca Yoshimasa Hayashi. El ministro ha apuntado además que el Gobierno estudiará "de manera cuidadosa el fallo y pronto decidirá cómo responder a la prohibición del CIJ".

Japón ha mantenido hasta ahora dos programas de captura de ballenas con fines científicos en el océano Antártico y el Pacífico Norte, así como de la pesca comercial de especies más pequeñas de cetáceos, incluidos defines, en sus costas. Desde 1987, ha capturado un media de 400 ballenas cada año en el océano Antártico, según los datos de la Agencia nipona de Pesca. En 2005 estableció un objetivo anual de 935 piezas y los balleneros capturaron un total de 853 ese año y 679 en 2008. Sus capturas anuales, sin embargo, se desplomaron hasta 103 en 2012 debido, según el Gobierno nipón, a las actividades de los grupos ecologistas contrarios a la caza de esta especie. 
Tokio siempre ha asegurado que su programa de caza de ballenas en la Antártida perseguía, entre otros fines, un control permanente del ecosistema y de la población de esos cetáceos, lo que le permitió llevar a cabo esta práctica con el permiso de la comisión ballenera. Sus argumentos, no obstante, siempre causaron el escepticismo de muchas asociaciones y países, como Australia, que demandó a Japón ante la Corte Internacional de Justicia en mayo de 2010, sosteniendo que las capturas niponas perseguían fines comerciales.

El fallo de ayer aseguraba que Japón no había sido capaz de justificar los fines científicos de su programa de caza y acusó al país asiático de violar la Convención Internacional para la Reglamentación de la Caza de Ballena, firmada en 1946 para promover la conservación de estos mamíferos. Después de conocerse la sentencia, la delegación nipona en La Haya dijo que aunque Japón está "decepcionado y lamenta" el fallo, "lo acepta porque tiene la obligación de cumplirlo, ya que es vinculante". No especificó los pasos concretos en los que se traducirá el fallo, porque, según afirmó el ministro, tienen que "estudiar el largo fallo antes de determinar acciones concretas".

dimarts, 25 de març del 2014

La última frontera del turismo


Los parques nacionales encuentran obstáculos en el refuerzo de sus actividades para atraer visitantes

 

Cada año, 10 millones de personas visitan los 14 parques nacionales de España. Solo algo más de cuatro millones de la Península. Lo abrumador es que estas cifras esconden un hecho: que los ingresos de este turismo son escasos. Ello se debe, afirman los expertos, a la poca fidelización de los parques sobre los visitantes, algo que, además, junto con la crisis, ha provocado un descenso de las visitas. Al contrario de lo que ocurre en los parques nacionales de Estados Unidos, donde los turistas se pasan días en su interior, en España la mayoría ni siquiera pernocta en sus pueblos aledaños. “Llegan, echan un vistazo, y se van”, dice Ignacio Alonso, presidente de ANETA, la asociación de las empresas de turismo activo, “porque no encuentran una oferta activa para quedarse. Al final, recibes muchas visitas y pocos ingresos”.
Esta situación preocupa a los responsables turísticos de algunas de las autonomías que tienen parques nacionales, a los empresarios locales y a los Ayuntamientos situados en la orla de estas reservas. Mientras Picos de Europa recibe un millón y medio de visitantes y Ordesa o Sierra Nevada más de 600.000, otros como Doñana o Monfragüe no llegan a los 300.000.
Hay, pues, cierta ansiedad por aumentar la afluencia y buscar medios de retenerla más tiempo para que deje más dinero en la zona. Esto porque, si nadie discute que el objetivo primero de la creación de estas reservas es asegurar su conservación, lo que obliga a ser cuidadosos con su uso, se considera también que los parques deben ayudar a la fijación de las poblaciones rurales y al fomento del turismo interior. “Pensamos que en el entorno de los parques”, dice Basilio Rada, director general de OAPC (Organismo Autónomo de Parques Nacionales), “es interesante el turismo rural. De hecho, el objetivo de la ley de parques nacionales de 1906, además de conservar la fauna y la flora, fijaba que era construir vías de acceso para que la gente los pudiera visitar”.
Y esto es bueno para todos. “Los parques, como focos de turismo sostenible, generan desarrollo. En Cazorla, en Ordesa, hay hoteles, restaurantes, tiendas. El pueblo pasa de 3.000 vecinos en invierno a 8.000 en verano”, prosigue. Para Esperanza Perea, directora general de Espacios Naturales de la Junta de Andalucía, “estos parques asientan la población y originan decenas de pequeñas empresas”. Por no hablar de que la tributación de esas actividades turísticas ayudaría a mantener los parques, que salen caros.
Los 14 parques naturales españoles reciben 10 millones de visitantes al año
“Entre personal de administración, monitores, personal de limpieza o retenes forestales, la plantilla en Monfragüe es de 179 personas”, explica Enrique Julián, director general de Medio Ambiente de la Junta de Extremadura. A lo que hay que añadir las inversiones. “Desde 2007 se han invertido unos 17,5 millones de euros en apoyo socioeconómico, instalaciones o soterramiento de tendidos eléctricos”, dice.
De ahí que algunas autonomías, en línea con el proyecto de Parques Nacionales del Gobierno, quieran mejorar el atractivo de sus parques. Andalucía, con dos (Sierra Nevada y Doñana), quiere recibir más visitantes y crear una marca para su promoción: “Parques de Andalucía”. El propósito es idear propuestas para que los visitantes pasen, no unas horas, sino varios días. Lo que hay no es suficiente. En los pueblos circundantes hay cierta infraestructura, aunque, en general, es escasa y de calidad mediana. Se está buscando también el modo de ofrecer más opciones en el interior de los parques.
El problema es que tienen muchas limitaciones. En la mayoría se puede hacer poco más que caminar a pie o integrarse en un grupo al mando de un guía. Actividades como el rafting, el cañoning, el piragüismo o las escaladas están en general restringidas a las áreas adyacentes. “Aún se pueden hacer muchas cosas, pero la idea es que se desarrollen alrededor, incluidos los deportes de naturaleza”, dice Perea. Julián afirma que “se están estudiando iniciativas para que la gente alargue la estancia en Monfragüe, en turismo gastronómico, artesanía o habilitación de rutas”. También hay un proyecto para poner un microbús eléctrico y se estudia la posibilidad de navegar en una pequeña parte del Tajo dentro del parque, limitada al 5% del cauce del río. “Hacerlo en el resto pondría en riesgo la fauna”, dice.
Pese a ello, apenas generan ingresos turísticos por las cortas estancias
Estas limitaciones no gustan a los profesionales del turismo activo. “Los parques están totalmente infrautilizados. Hemos creado empresas para actuar ahí, con total respeto, pero no hacemos ni el 10% de lo que quisiéramos”, se queja Alonso, de ANETA. Él montó su empresa en un pueblo cercano a un parque andaluz y al final tuvo que desistir. Otro proyecto suyo, una tirolina gigante, con más de dos kilómetros, está también paralizado. Dados estos condicionantes no parece que vaya a haber una “revolución” en el modelo de negocio de los parques, tal como se ha interpretado tras la aprobación de la Ley de Parques Nacionales. “Pero es que la ley no fue diseñada con esa intención, sino con la de implementar un modelo coordinado y en red”, asegura Rada.
“La ley permite las actividades económicas posibles”, asegura Perea, preocupada, eso sí, de que el texto abra la vía a la caza comercial, “por presión de algunos propietarios”, dice. Pero, algo debe de tener para que suscite reacciones encontradas entre los responsables autonómicos. Canarias ha rechazado un mayor uso turístico en sus cuatro parques, que reciben ya 5,5 millones de visitantes. La polémica saltó también entre los Gobiernos de Asturias y Castilla y León, que comparten con Cantabria el parque de Picos de Europa. Mientras que en Asturias se insiste en que la prioridad es la preservación ambiental, en Castilla y León se prefiere favorecer el turismo y el desarrollo de los pueblos.
Pero, la discusión se ha iniciado y la veda está abierta. Habrá, al menos se intentará, más visitantes y quizá una mayor tolerancia con actividades ahora desaconsejadas. ¿Significa esto que los pragmáticos le ganarán la partida a los ecologistas? “No creo que nadie vaya a ganar sino que todos trataremos de que siga habiendo un equilibrio entre ambos. Nosotros no nos oponemos a que haya más actividad económica, siempre que no afecte los objetivos de conservación. De otro modo, mataríamos la gallina de los huevos de oro”, reflexiona Esperanza Peda.

dijous, 20 de març del 2014

A los políticos les da miedo hablar de contaminación

U

El investigador lidera un proyecto de predicción de calidad del aire

no no espera encontrarse algo así en el interior de una capilla neogótica. Casi en penumbra, entre capiteles de piedra, arcos de medio punto y coloridas vidrieras, aparecen decenas de armarios refrigerados en los que parpadean miles de lucecitas. José María Baldasano muestra con orgulloel superordenador MareNostrum, uno de los cerebros electrónicos más potentes de Europa, situado en esta capilla desacralizada de lo que fue la residencia de la familia Girona. Hoy el edificio pertenece a la Universidad Politécnica de Cataluña y el MareNostrum, que está a punto de cumplir 10 años, ha ayudado a sacar adelante más de 3.000 proyectos de investigación.


Caliope, la niña bonita del catedrático de Ingeniería Ambiental Baldasano, es uno de ellos. Este sistema de predicción de calidad del aire le ha tenido ocupado los últimos ocho años. Gracias a la capacidad del superordenador, Caliope tiene una resolución nunca vista en este tipo de sistemas de predicción. “Usamos varios datos en tiempo real: meteorológicos (temperatura, precipitación, humedad...), de emisiones y de calidad del aire. Después aplicamos unos algoritmos matemáticos para corregir desviaciones y obtenemos unos pronósticos muy fiables hasta a 48 horas”, explica Baldasano en un restaurante cercano a su despacho donde suele ir a comer al mediodía.

Caliope nació como un proyecto de investigación financiado por el Ministerio de Medio Ambiente. Últimamente, Baldasano y su equipo han decidido darle un enfoque más práctico, más cercano al ciudadano. Por eso, además de poder consultar en su web las predicciones, tambiénhan creado una aplicación para móviles. “Nos escribe gente con asma que la usa y que agradece tener una herramienta que le permita, por ejemplo, saber si por la tarde va a haber mucha o poca contaminación y decidir si pueden salir a correr”. El investigador cuenta que siempre, ya desde la licenciatura en Químicas, le interesaron los temas ambientales. Pasó por la calidad del agua, luego estudió los residuos y ha terminado especializándose en calidad del aire.
No es solo por el reto científico. “La contaminación tiene gran repercusión en la salud de las personas”, afirma. “Los ciudadanos tienen derecho a estar informados y a respirar aire limpio”. Su proyecto contribuye a eso, a cubrir las carencias de información de las Administraciones. “Tenemos un problema con los políticos. Tienen un miedo atroz a dar información sobre contaminación. No quieren tocar el tema. Creen que les puede quitar votos o que puede generar alarma en la población. Y se equivocan. La gente sabe entender la información más de lo que creen. Otros países tienen esto mucho más asumido”, señala Baldasano.
La calidad del aire, que debería ser una cuestión técnica, es en realidad un problema político, viene a decir. Ni Madrid ni Barcelona cumplen los estrictos estándares de calidad del aire de Bruselas. Y las medidas que se están tomando son “estéticas”, critica. “Tenemos que hacer las ciudades más humanas. No digo que haya que sacar los coches. Hay que buscar un equilibro entre el medio ambiente y la movilidad. Hay que limitar el acceso a una parte de los coches. Si queremos cumplir con Europa, un 35% del parque debería ser eléctrico, por ejemplo. Es una decisión política, pero en España los lobbies energéticos y de fabricantes de coches son muy fuertes”.

dimarts, 18 de març del 2014

La pérdida de hielo en Groenlandia se acelera por el calentamiento



En la zona del Noreste de la gran isla del Ártico, la masa helada se reduce en 10 gigatoneladas al año


La capa helada del noreste de Groenlandia, que había permanecido estable desde al menos el último cuarto del siglo XX, se está reduciendo a un ritmo acelerado. En la última década, y debido al calentamiento, la masa de hielo allí disminuye en unas 10.000 millones de toneladas al año, lo que tiene un impacto nada despreciable en la subida global del nivel del mar. Lo han detectado unos científicos al analizar los datos de la red de medio centenar de estaciones GPS en la región, que permite pesar el hielo que aplasta la base rocosa; cuando el hielo se funde, la roca que tiene debajo responde elevándose. Además, han combinado esta información con los registros de cuatro satélites estadounidenses y europeos.
Se conocía ya la notable pérdida de hielo en casi todo el borde de Groenlandia, excepto en el Noreste, una zona especialmente fría donde el desplazamiento de los glaciares hacia el mar estaba frenado en la costa precisamente por los bloques helados del Ártico. Pero esa barrera costera se está reduciendo, con lo que se acelera el avance de los glaciares de toda la cuenca de Zachariae. Además, el calentamiento en la zona provoca el adelgazamiento de la capa helada y la misma fusión del hielo acelera su avance, señalan Shfaqat A. Khan, científico de la Universidad Técnica de Dinamarca y líder del equipo, que presenta su descubrimiento en la revista Nature Climate Change.
“Este estudio demuestra que la pérdida de hielo en el Noreste se está acelerando, lo que significa que todos los márgenes de la capa helada de Groenlandia son inestables”, resume Michael Bevis, de la Universidad del Estado de Ohio (EE UU). Khan y sus colegas han utilizado los datos de la elevación del hielo de Groenlandia, desde 1978 a 2012, para estimar los cambios de grosor cerca de la costa y así han descubierto la inestabilidad del Noreste desde hace una década, cuando el incremento de las temperaturas del aire en la región dispararon la dinámica del adelgazamiento de los glaciares.
Para dar una idea del alcance del fenómeno, la Universidad del Estado de Ohio señala que el hielo de Zachariae se ha retirado unos 20 kilómetros en los últimos 10 años, mientras que uno de los glaciares más dinámicos de Groenlandia, el Jakobshavn, en el Suroeste, ha retrocedido 35 kilómetros en 150 años.
La cuenca del Zachariae supone el 16% del hielo de la gran isla ártica, por lo que el deshielo acelerado tendrá un impacto nada despreciable en la subida del nivel del mar a escala planetaria. Y lo modelos de proyección del clima, hasta ahora, cuentan con un deshielo apenas significativo en esa región, advierten los investigadores en su artículo. “La capa helada de Groenlandia es uno de los principales contribuyentes de la subida global del nivel del mar en los últimos 20 años, dando cuenta de 0,5 milímetros de aumento por año del total de 3,2 milímetros anuales año”, explican. Ahora, los nuevos datos sugieren que “la contribución de Groenlandia a la subida del nivel del mar puede ser incluso mayor en el futuro”, apunta Bevis. Por ello, este hallazgo es preocupante, advierte Khan.

 


dijous, 6 de març del 2014


Refugio de mandatarios y personalidades de todo el mundo, enclave de especies en peligro tan emblemáticas como el lince ibérico y el águila imperial

El parque nacional cumple medio siglo como reserva biológica

Este es un viaje a sus secretos a través de quienes mejor lo conocen

 

En una choza hecha de madera y junco en la veta de Las Carabiruelas, en medio de la marisma de Doñana, donde reinaron siempre el paludismo y los señoritos, nació José Boixo un 30 de septiembre de 1935, diez meses antes del inicio de la Guerra Civil. Doñana era entonces uno de los cotos de caza más grandes de España, un lugar aislado en la margen derecha del Guadalquivir donde aristócratas y reyes iban a matar venados, jabalíes, patos, linces, zorros y otras alimañas, también Alfonso XIII, que durante catorce años fue cada invierno de montería antes de refugiarse en Roma.
En aquel tiempo, Doñana era virgen y salvaje y solo había pasado por manos de unas pocas familias. Durante seis siglos, el coto perteneció a los duques de Medina Sidonia, hasta que en 1900 Guillermo Garvey lo compró por 150.000 duros y más tarde lo recibieron en herencia los duques de Tarifa. En 1935, tras la muerte de estos, los marqueses de Borghetto obtuvieron la propiedad de las 27.000 hectáreas en pago de una deuda, y más o menos por aquellos días el padre de Boixo se mudó del Coto del Rey a la marisma de Hinojos a cuidar las reses de unos ganaderos de Villamanrique de la Condesa.

Colonia de reproducción de flamencos en el parque nacional. Algunos años crían hasta 20.000 parejas en los islotes de las marismas. / Héctor Garrido Guil
La marisma era un territorio inhóspito que ni siquiera los ingleses habían logrado domar, pese a que trataron de cultivar algodón y arroz en los años veinte sin éxito. Solo había por estas tierras unos cientos de carboneros, mieleros, piñeros, salineros, leñadores, aparceros, arrieros y –los dos oficios más deseados– guardas y caseros de los palacios de Doñana y de las Marismillas.
“La vida aquí era muy dura… muy dura”, recuerda Boixo ante uno de los alcornoques centenarios del coto, hoy parte de un espacio natural protegido que se ha ido ampliando hasta 108.000 hectáreas, del que son su corazón la estación biológica y el parque nacional de Doñana, declarado reserva de la biosfera y patrimonio de la humanidad por la Unesco.
El humedal, que abarca territorios de las provincias de Sevilla, Huelva y Cádiz, es el más importante del continente, con varios ecosistemas diferentes y una situación privilegiada entre Europa y África, donde cada año pasan el invierno cientos de miles de aves acuáticas y se conservan especies al borde de la extinción como el lince ibérico y el águila imperial. Doñana es, además, “un icono internacional de la conservación”, asegura Juan José Negro, director de la estación biológica, que ahora cumple 50 años de su fundación por José Antonio Valverde, el naturalista que logró concienciar al mundo de la importancia de preservar el lugar cuando, bajo el franquismo, empezaba a urbanizarse la playa y desecarse la marisma para cultivar, lo que hubiera supuesto su final.
“Si Valverde llega a venir más tarde, esto no existiría”, dice Boixo, que entre 1965 y 2000 fue guarda mayor de la estación biológica, hoy una institución científica de prestigio internacional adscrita al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en cuya plantilla hay 47 investigadores.
Doñana era un joven condenado a muerte; ahora es una persona mayor, pero indultada, dice Miguel Delibes de Castro, exdirector de la estación biológica.
Estamos en la Cota 32, una de las alturas privilegiadas de Doñana, desde donde Boixo mira al Charco del Toro, una laguna hoy totalmente seca. Al sur se ve Matalascañas, pueblo turístico que en verano multiplica por 40 su población hasta sobrepasar los 100.000 habitantes. Al llegar a Matalascañas desde Almonte se ven en la carretera los cuatro o cinco pozos que extraen agua para esta comunidad del acuífero 27, el mismo que nutre Doñana. Los pozos están a unos pocos metros del linde del coto y, según organizaciones ecologistas, son uno de los problemas graves que atentan contra Doñana junto a los más de mil pozos ilegales que riegan los cultivos de fresa y arándanos en la zona.
“Desde que hicieron el campo de golf en Matalascañas nunca más se ha llenado el Charco del Toro ni otras lagunas de por aquí cerca”, afirma Boixo, que ha vivido aquí toda su vida. “Yo solo salí de aquí a hacer la mili, era de la quinta del 56”, dice mientras observa con nostalgia los paisajes de toda su vida: están las dunas móviles, que avanzan desde el mar hacia el interior sepultando pinares que después vuelven a resurgir petrificados; el monte y el bosque mediterráneo, rico en flora y fauna, donde los antiguos dueños introdujeron ciervos, gamos y otros animales para repoblar sus cazaderos; la fértil vera, donde se unen el monte y la marisma, y la inmensa planicie marismeña, con sus lucios y sus aguas someras que en invierno se llenan de patos, garzas, flamencos, espátulas y decenas de especies de aves acuáticas.

'Doñana expedition' de 1957, en la puerta del palacio de Doñana. Entre ellos, el famoso fotógrafo Eris Hosking, los ornitólogos James Fergusson y Guy Mounfort, y personalidades como Julian Huxley, Max Nicholson y lord y lady Alanbrooke, así como José Antonio Valverde y Mauricio González Gordon. / Estación biológica de Doñana.  A los nueve años de edad, Boixo mató su primer lince, cuenta durante un paseo por el coto. “Estaba fuera de mi casa con la escopeta y disparé a algo que se movía. Entré corriendo: ‘Papá, papá, he matado un león’; ni yo mismo sabía lo que era aquello”. Era el año 1944 y ya los Borghetto habían vendido 17.000 hectáreas de su propiedad al marqués de Bonanza (Manuel González Gordon), el marqués de Mérito y Salvador Noguera, que constituyeron la Sociedad del Coto del Palacio de Doñana.
“En aquel tiempo, los dueños te pagaban por matar depredadores y alimañas. Un lince eran cuatro duros; un zorro, tres duros; un milano o un águila, tres pesetas; una comadreja, dos”. Hasta los 14 años, a eso se dedicó, hasta que en 1952 Franco ordenó plantar eucaliptos en Doñana para producir celulosa bajo amenaza de expropiación, y durante años José Boixo estuvo trabajando en eso.
“Todavía hoy se están arrancando aquellos árboles”, cuenta Héctor Garrido. Héctor es fotógrafo y censador de aves de Doñana desde 1991, y en estos momentos la avioneta en que realiza el censo de enero de 2014 sobrevuela Los Sotos, en la zona noroeste del parque nacional, donde se ve abajo varios hombres que trabajan quitando eucaliptos. “Es un árbol que hace mucho daño en Doñana pues demanda mucha agua, empobrece el suelo y modifica los ecosistemas originales”, explica Garrido. La avioneta vuela bajo y pasa por el ojo de Martinazo, la laguna de Santa Olalla, el cerro de los Ánsares, el lucio de Mari López, la punta de Malandar, el brazo de la Torre y otros lugares espectaculares de donde salen miles de patos cuchara, cercetas y silbones, además de varias bandadas de moritos, una de las especies que habían desaparecido completamente en los años cuarenta y que hoy es muy abundante.
Pese a que este invierno casi no ha llovido, desde el cielo el coto se ve majestuoso. Hay lucios y lagunas con bastante agua y allí se observan las mayores concentraciones de pájaros. Cuando dentro de dos horas y media termine el vuelo, Héctor habrá contado 30.000 ánsares, 25.000 flamencos, 50.000 agujas colinegras y 95.000 patos…, en total, cerca de 300.000 aves acuáticas. “Algunos años buenos de lluvia hemos censado hasta 750.000 aves en el invierno”, dice al ayudante de Héctor, José Luis, mientras desde el aire señala unas marcas de ruedas que surcan la marisma. Son las rodadas de los camiones que realizan trabajos forestales dentro del coto y que en vez de coger siempre por el mismo lugar cruzan por donde les viene en gana. “Eso es fatal, porque esas marcas son profundas y duraderas y alteran el delicado equilibrio de la marisma”, señala Héctor.
José Boixo, guarda mayor de la reserva biológica de Doñana entre 1965 y 2000, junto al esqueleto de un alcornoque muerto. / Estación biológica de Doñana. Desde la altura se ve la maravilla que es Doñana, pero también todos los peligros que lo acechan, la mayoría exteriores, empezando por la agricultura.    El parque nacional está rodeado por 40.000 hectáreas de cultivos de arroz y otras 6.000 hectáreas de fresas y otros frutos de invernadero, cubiertas por gigantescos plásticos. Los pesticidas que se emplean, aunque de un modo u otro afectan al entorno de Doñana, no son el principal problema, sino “otros, como el robo del agua por los pozos ilegales y la sobreexplotación del acuífero, el mal estado del estuario o el dragado del Guadalquivir”, asegura desde tierra Felipe Fuentelsaz, representante de la ONG World Wildlife Fund (WWF).
Coincidiendo con el 50º aniversario de la creación de la estación biológica, WWF ha hecho un informe a la Unesco y el resto de las organizaciones internacionales que velan por la conservación de Doñana en el que se alerta sobre la peligrosa situación en que se encuentra el parque y se denuncia la mala gestión y el incumplimiento, por parte del Gobierno y la Junta de Andalucía, de 16 de las 18 recomendaciones hechas por la Unesco en 2011 para asegurar el futuro del humedal más emblemático de Europa.
“Doñana está casi en la UVI”, resume Fuentelsaz. Su opinión es compartida por algunos trabajadores del parque, aunque científicos como Fernando Hiraldo y Miguel Delibes de Castro, ambos exdirectores de la estación biológica, consideran el diagnóstico exagerado. “Antes, Doñana era un joven fuerte pero condenado a muerte; ahora es una persona mayor, con menos fuerza, pero indultado”, afirma Delibes, de 67 años, director de la estación entre 1988 y 1996.
Delibes conoce bien Doñana, pues llegó aquí a los 27 años captado por Valverde y dejando atrás un trabajo mucho más rentable con Félix Rodríguez de la Fuente. “Doñana ha sido casi toda mi vida”, indica, señalando que al comienzo la estación tenía 6.671 hectáreas y hoy, “aunque las agresiones exteriores son muchas”, el área protegida es de más de 100.000 hectáreas.

El exmandatario de la antigua URSS Mijaíl Gorbachov y el expresidente español Felipe González (ambos, en pantalón corto), en la entrada del palacio de Doñana, durante la visita que el primero realizó a principios de la década de los noventa. Detrás de Gorbachov, el entonces director de la estación biológica, Miguel Delibes de Castro. / Estación biológica de Doñana.
La historia de cómo se salvó este paraje privilegiado que sigue asombrando hoy a ornitólogos y naturalistas de todo el mundo tiene que ver con la voluntad de José Antonio Valverde y también con la ciencia. Sin duda, fue fundamental la repercusión que tuvieron las expediciones científicas internacionales que en los años cincuenta visitaron el coto, en especial la Doñana expedition de 1957, integrada por los ornitólogos de campo James Fergusson, J. Parrington y Guy Mounfort –que en 1958 publicaría Portrait of a Wilderness–. También el mejor fotógrafo de naturaleza del momento, Eric Hosking, y personalidades como Julian Huxley, Max Nicholson y lord y lady Alanbrooke. Mauricio González Gordon, uno de los dueños de Doñana, fue el anfitrión, y Valverde, invitado de última hora.
Lo que vieron les impresionó, y José Antonio Valverde contó después con su respaldo y el del naturalista suizo Luc Hoffman, primer vicepresidente de WWF. Esta organización se creó en 1961 con el fin de proteger la naturaleza, pero sobre todo para recaudar los 33 millones de pesetas necesarios para comprar –el 30 de diciembre de 1963– las 6.671 hectáreas que formarían la primera reserva biológica de España y que fueron donadas al CSIC un año después con fines de investigación y conservación. Seis años más tarde, WWF adquirió otras 3.124 hectáreas en la marisma de Aznalcázar, cuya gestión también cedió al CSIC, y ese mismo año de 1969, Valverde logró que el Gobierno de Franco creara el parque nacional de Doñana, con otras 35.000 hectáreas.
De ser un “mal bicho” que se pasaba el día cazando linces, meloncillos y águilas, hoy especies protegidas, Boixo pasó a preservarlas y a perseguir a los furtivos que entraban al coto a matar ciervos y jabatos. Valverde lo nombró guarda mayor de la reserva en 1965 y entonces Doñana, más todavía, se convirtió en su vida. “Lo primero que hicimos fue numerar con tablillas todos los alcornoques centenarios que había, que eran 454”. Entre ellos estaban los impresionantes ejemplares de La Pajarera, un verdadero espectáculo de árboles donde cada año anidan cientos de cigüeñas, garzas y espátulas.
La lucha entre los pájaros y los alcornoques existía ya entonces. Las deyecciones de las aves sulfataban el suelo circundante y los árboles se secaban lentamente. Hoy, debido a una enfermedad que afecta a las raíces más finas de la planta y no les permite tomar agua, los alcornoques infectados mueren en menos de un año. La ciencia investiga y, al parecer, hay un posible remedio que ha funcionado en otras especies de árboles, pero la dirección del parque nacional –que pertenece a la Junta, mientras la estación biológica depende del CSIC– no acaba de tomar la decisión de experimentarlo con algunos alcornoques, y los árboles siguen muriendo. “Doñana es mucho Doñana”, reconoce uno de los gestores del parque. Para hacer cualquier cosa, uno se lo piensa.
En aquel tiempo, los dueños te pagaban por matar depredadores y alimañas. Un lince eran cuatro duros; un zorro, tres duros, y un águila, tres pesetas.
“Hoy quedan poco más de 200 alcornoques”, se lamenta Boixo, que se detiene ante un palmito rodeado de arbustos y zarzas en Santa Olalla, en medio del coto, donde predomina el monte viejo, algo que disgusta al antiguo guardés, pues, dice, habría que desbrozarlo.
“Este palmito le gustaba mucho a Felipe”. Felipe es Felipe González, y fue el primer presidente de la democracia que utilizó el coto para pasar su tiempo libre e invitar allí a políticos extranjeros. “Al que más le gustaba era a Helmut Kohl”, recuerda González, que todavía hoy afirma que lo único que echa de menos de ser presidente del Gobierno es “disfrutar de Doñana”. Cuenta Delibes que un día Felipe invitó a Kohl a ir al cerro de los Ánsares a ver la llegada espectacular de miles de gansos salvajes. “Es al amanecer, hay que levantarse temprano”, le dijo Felipe. “¿A qué hora?”, respondió. “A las seis”. “Hombre”, contestó el excanciller alemán, “a esa hora yo ya llevo un buen rato combatiendo contra el socialismo”.
González también invitó a Gorbachov después del golpe de Estado en la antigua URSS. “Aunque Felipe le explicó varias veces que el palacio de Doñana era una institución pública, no hubo forma; al despedirse escribió en el libro de vistas: ‘Muchas gracias a Felipe González por haberme invitado a su dacha”, recuerda Delibes.

González se quedaba en el palacio de Doñana, mucho más austero que el de las Marismillas, donde se alojaron Aznar, Zapatero y ahora Rajoy. A Zapatero lo que le gustaba era aislarse. hacía 10 kilómetros de footing por la playa. Aznar también corría, pero tramos de sprint y se cronometraba. Rajoy lo que hace es andar. “A Felipe, en cambio, le gustaba pasear con los guardas, hablar con los pescadores, socializar con la gente”, cuenta José María Pérez de Ayala, responsable de atender las visitas institucionales.
Un radiocasete de un coche interrumpe la paz de la marisma. Aparece un jeep Toyota, y después otro vehículo 4×4, y otro, y otro más. Sus ocupantes van de juerga. “Son de las hermandades rocieras”, explica Héctor. Hay más de cien hermandades, y algunas poseen 10.000 miembros. Decenas de ellas tienen derecho a pasar por Doñana y a pernoctar durante la romería del Rocío (50 días después de Semana Santa), pero también en otras dos fechas de su elección, como hoy. Muchos tiran papeles y desperdicios.
Está el Rocío… Los pozos ilegales. Y los planes de dragado del Guadalquivir o de hacer un oleoducto, pero en medio de estas amenazas Doñana resiste y otras muchas cosas alientan. Cuando en 2003 comenzó a funcionar el Centro de Cría del Lince Ibérico de El Acebuche, la población de linces en Doñana estaba a punto de extinguirse. Hoy, en los cuatro centros de cría que ya existen en la Península hay 143 ejemplares, 44 de ellos cachorros nacidos en 2013, además de tres centenares de ejemplares en libertad. Once parejas de águilas imperiales anidan en el parque y se han recuperado especies de aves acuáticas como el morito. Cincuenta años después, muchos peligros acechan a este antiguo coto de señoritos. Pero la aventura de su vida continúa.

dimarts, 4 de març del 2014

Diez métodos para reducir el derroche de comida

Cada año se desperdicia en el mundo entre un cuarto y un tercio de los alimentos que se producen

La cantidad de comida que se desperdicia en el mundo se puede ejemplificar de muchas maneras, todas preocupantes: los países desarrollados desaprovechan entre 250 y 300 kilos por persona y año; en el África subsahariana y el sudeste asiático se pierde el equivalente a entre 400 y 500 calorías diarias per cápita; la superficie de la tierra dedicada a producir alimentos que se malgastan equivale a la de Canadá y la India unidas. Este despilfarro representa entre un tercio y una cuarta parte de los 4.000 millones de toneladas de comida que se producen anualmente en el planeta, según destaca un informe del Banco Mundial (BM).
El desperdicio cero resulta inalcanzable, pero el margen de mejora es amplísimo. José Antonio Cuesta, autor del estudio, explica que no hay una serie estadística que permita observar tendencias, pero se muestra convencido de que no va a la baja. “Los únicos datos fiables que tenemos son de EE UU y Reino Unido, donde el desperdicio ha crecido en los últimos años. No podemos tomar estos países como referencia, ya que tienen unas características socioeconómicas muy concretas que no son extrapolables a buena parte del mundo, pero sí muestran que queda mucho por hacer”, resume.
Las soluciones son múltiples, algunas de un gran coste económico en infraestructuras, otras que requieren solo pequeñas inversiones y algunas que atañen a la concienciación de los consumidores y distribuidores. La mayoría del dispendio innecesario de alimentos se reparte en las fases de consumo (35%), producción (24%) y almacenamiento de la comida (24%). En cada etapa de la cadena hay posibilidades de mejora, que se pueden dividir en dos grandes bloques: las que conciernen mayoritariamente a los países desarrollados (donde se despilfarra el 56% de los alimentos del planeta) y las del resto (que pierde el 44% restante).
A lo largo y ancho del planeta, los países están implementando fórmulas para atajar este derroche. Entre ellas:

Países en desarrollo

1. Refrigeradores de vapor. Los sistemas de almacenamiento en países en desarrollo pueden verse afectados por numerosos factores: cortes del suministro eléctrico, monzones, conflictos que retrasan los repartos. Para evitar que la temperatura de la comida dependa de la electricidad, países como Tanzania o India están usando refrigeradores que utilizan el vapor generado por los propios alimentos cuando les da el sol para mantener su temperatura. De esta forma se evita que algunas cosechas se echen a perder por el calor.
2. Cajas rígidas. Soluciones tan simples como utilizar cajas rígidas similares a las que usan habitualmente las fruterías de los países desarrollados suponen la diferencia entre perder cientos de kilos de alimentos por golpes y aplastamientos o aprovecharlos. En Afganistán, por ejemplo, se están sustituyendo las bolsas tradicionales por estos recipientes para los tomates.

Lo que más se desperdicia

Al medir en peso, la fruta es sin duda el tipo de alimento que más se desperdicia en el mundo. Supone un 44% de las alrededor de 1.300 millones de toneladas de comida que se despilfarran anualmente, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Le siguen las raíces y tubérculos (20%), los cereales (19%) y, a más distancia, la leche (8%).
Sin embargo, como señala el informe Reduciendo el desperdicio y la pérdida de alimentos del World Resources Institute, entre estos tipos de alimento varía mucho el aporte calórico por kilogramo. Por ejemplo, un kilo de harina de trigo contiene un 12% de agua y 3.643 kilocalorías, mientras que uno de manzanas, de media, tiene un 81% de agua y 1.704 kilocalorías. “Por esa razón, medir por el peso no refleja de forma coherente la energía desperdiciada que podría haber sido consumida por la población”, apunta.
Su alternativa es cuantificar las calorías. De esta forma, los cereales se situarían en cabeza de la lista, con un 53% de la energía perdida. Le siguen raíces y tubérculos (14%) y frutas y verduras (13%).
3. Bolsas de plástico selladas herméticamente. Es otra solución sencilla que puede evitar que plagas de insectos devoren cosechas recolectadas. Los agricultores en Nigeria están empezando a emplearlas para las semillas.
4. Silos de metal. Normalmente, las cosechas son trasladadas a grandes silos. Entre el transporte y el almacenaje, el alimento pasa por fases en las que suele haber pérdidas. Kenia está experimentado con recipientes metálicos más pequeños, que pueden ser usados por familias y comunidades para conservar mejor la comida y evitar mermas en el proceso.
5. Infraestructuras. Si las soluciones hasta ahora eran baratas y fáciles de poner en marcha, esta requiere de grandes inversiones: mejorar las carreteras, las líneas eléctricas y los sistemas de transporte de los países en desarrollo ayuda a aprovechar mejor los alimentos.

Países desarrollados

6. Reducir las ofertas. Las promociones de dos por tres son el clásico ejemplo de inducción al desperdicio, ya que el consumidor compra más de lo que realmente necesita y a menudo acaba tirándolo.
7. Eliminar los contratos de mínimos. Muchos supermercados occidentales acuerdan con los agricultores adquirir un número determinado de kilos de comida, de forma que si por algún contratiempo se recolecta menos, el contrato queda invalidado. Esto provoca que los productores siembren más de esa cantidad para compensar posibles pérdidas, de forma que si todo va bien, acaban sobrando alimentos que finalmente se tiran.
8. Permitir donaciones. Hay países, como EE UU, que tienen prohibido a los restaurantes donar alimentos porque ya han sido expuestos. Cambiar estas reglas para que cuando sobren se puedan aprovechar ayudaría a desperdiciar menos comida en el sector de la hostelería.
9. Evitar compras impulsivas. Esto pasa por concienciar al consumidor de adquirir solo lo que cree que va a gastar, huir de las antedichas ofertas y planificar lo que va a comprar antes de ir a la tienda.
10. Reciclar. Cuando en las casas sobra comida, es recomendable reusarla para otros platos, como se hacía tradicionalmente con el pollo y las croquetas, por ejemplo. Es una costumbre que se está perdiendo por el cambio de hábitos en la cocina, que deja menos tiempo para preparar los alimentos.
Muchas de las circunstancias. que hacen desperdiciar alimentos son, sin embargo, consecuencia de otro tipo de progresos, como señala Alicia Langreo, directora de la sociedad de estudios Saborá, especializada en sistema alimentario. Se refiere, por ejemplo, al último punto de este decálogo: "Se pasa menos tiempo en la cocina porque la mujer se ha incorporado al mercado de trabajo y eso es algo que no queremos cambiar. También se desperdicia más porque los alimentos son baratos y a muchas personas no les merece la pena andar reciclando. Sin embargo, tampoco es deseable que los precios suban".
Ciertas normativas alimentarias, como sucede con la europea, también favorecen, en cierta medida, que se desperdicie más comida. Es el caso de los restos animales que antes se destinaban a piensos, algo prohibido desde la crisis de las vacas locas. "Es una cuestión de seguridad alimentaria", apunta Langreo quien señala la concienciación y una mayor cultura sobre la comida como posibles soluciones al despilfarro. "Lo que está claro es que algo estamos haciendo mal cuando un tercio de la población tiene sobrepeso o pasa hambre", sentencia.

dijous, 27 de febrer del 2014

29 discos y un álbum inédito


 


Este es un repaso de urgencia en forma de glosario a cinco décadas de una trayectoria excepcional.
A de ‘Almoraima’. El topónimo de la tierra natal para un disco de 1976 que llega rodeado de expectativas. Sucede al exitoso Fuente y caudal y supone un paso más dentro de la renovación estilística que él había puesto en marcha. La rondeña La cueva del gato fija las características del estilo de Montoya para las nuevas generaciones.
C de Camarón. En 1969 dio comienzo la fascinante aventura de El Camarón de la Isla con la colaboración especial de Paco de Lucía, como rezaban sus primeros discos conjuntos. La primera tanda de nueve, producidos por el padre del guitarrista, suponen una fresca antología del cante y una revolución en la forma de acompañarlo. Pero hubo más colaboraciones especiales entre los dos. Hasta el mismo final del cantaor.
D de Danza. En 1978, el guitarrista transcribe e interpreta a Manuel de Falla. La danza de los vecinos, la del Ritual del fuego, la del Molinero… Un riesgo al que se sometió con las afiladas miradas de los puristas clásicos casi apuntándole. Treinta y cinco años después, el que fuera compañero y discípulo, Cañizares, se ha vuelto a atrever con el mismo compositor.

En 1969 comenzó la "colaboración especial" de Paco de Lucía con Camarón, como rezaban sus discos conjuntos.
E de ‘El duende flamenco de Paco de Lucía’. Un disco de 1972 que se define, además de por las referencias lorquianas, por la utilización de orquesta. El artista, aún muy joven, se atreve con el reto con la dirección de José Torregrosa, con quien ya había trabajado.
Afegeix la llegenda
F de ‘Fuente y caudal’. Su quinto disco en solitario (1973) constituye una revelación. Encima, para los que no lo conocían lo suficiente, la rumba Entre dos aguas lo lanza al estrellato de la popularidad. Paco muestra ya un toque propio que lo distancia de los maestros.
I de Inédito: ‘Canciones Andaluzas’. El disco número 30 de su discografía no ha llegado a ver la luz. Se empezó a grabar a finales de 2012 y se había mezclado hace solo un mes. Desde 2003, con Cositas buenas, no grababa el guitarrista un disco en estudio. Este iba a ser —y será, cuando vea la luz— un regreso a los orígenes. En 1965, junto a Ricardo Modrego, y dos años después con su hermano Ramón, Paco había registrado sendos discos a dos guitarras dedicados a canciones andaluzas como María de la O, A tu vera, La Zarzamora… Tantos años después había retomado el homenaje con temas como Ojos verdes, Señorita y seis más. Su lanzamiento está —o estaba— previsto para finales de abril.
J de Joaquín Rodrigo. ‘Concierto de Aranjuez’. En 1991 y con la Orquesta de Cadaqués, dirigida por Edmond Colomer, el guitarrista plasma por fin un anhelado proyecto. La obra se registra en directo en el Teatro Bulevar de Torrelodones con la presencia del maestro compositor. La grabación se completa con tres piezas de la Suite Iberia de Albéniz. Tuvo algún detractor, muchos más han sido sus valedores.
K, contiene la K: Chick Corea. Aunque los registros discográficos conjuntos de ambos artistas son escasos (la grabación Touchstone del pianista), los dos músicos fueron “compadres” de corazón. El que suscribe fue testigo del encuentro de ambos en los camerinos de un concierto de Corea en Cádiz allá por los ochenta. Tras el descanso, ambos abordaron la interpretación de Spain solo por el gusto de tocar juntos. Casi treinta años después, la conexión permanecía viva. La última vez, el pasado verano, en el Festival de Vitoria.
L de ‘Luzía’. Disco de 1998. Madurez y maestría. Los viejos hallazgos ya sedimentados y puestos al servicio del sentimiento. La siguiriya dedicada a la madre, la rondeña a Camarón. Al guitarrista no le basta con las seis cuerdas y decide, por primera vez, cantar. Una obra maestra.
O de ‘One summer night… Live’. La cumbre del legendario sexteto y además en directo (1984). Con sus hermanos Pepe y Ramón, Rubem Dantas, Carles Benavent y Jorge Pardo de gira por Europa. Una de las formas que puede tener eso que llaman estado de gracia. Nueve años después, en 1993, el sexteto, con el añadido del bailaor Manolo Soler, volvió a grabar en directo.

Álbum de la gira de Paco de Lucía con su sexteto.

S de Siroco. Calificado por Gamboa y Núñez como “la tercera revolución”, el disco se graba y edita en 1987 tras un exitoso tour con su sexteto. Sin embargo, el artista prefiere para la ocasión la guitarra en solitario con acompañamientos puntuales. Una vuelta de tuerca inesperada cuando ya se creía todo logrado. El difícil reto de sonar cabal y flamenco y, a la vez, más nuevo y renovado que nunca. Un disco de culto.
T de Teatro Real. Su concierto de 1975. Para un flamenco, el hecho de tocar en el templo de la música clásica siempre ha sido un reto. Él fue de los primeros en hacerlo, luego ha habido muchos más. De nuevo, con la dirección musical de Torregrosa y la segunda guitarra de su hermano Ramón, Paco aborda un repertorio antológico, con piezas que ya habían sido incluidas en discos anteriores, pero con el sabor del directo. Hay quien dice que le atenazaron los nervios, pero no se nota nada.
Y de (yo) ‘Solo quiero caminar’. Hay quien sitúa en esta grabación de 1981 el inicio de las aportaciones más esenciales en nuevas afinaciones o acordes. Sin ir más lejos, en los tangos que le dan título, y que se hicieron muy populares con la voz de su hermano Pepe, la guitarra va afinada en tono de rondeña, como describe Faustino Núñez. Paco de Lucía incorpora por primera vez en una grabación de estudio el sexteto.
Z de ‘Zyryab’. Un disco en la cumbre (1990). Una obra coral y una reunión de amigos. No podía ser menos el homenaje a El Pájaro Negro, el músico bagdadí que tanto influyó en la tradición musical árabe en la península Ibérica. El formato de sexteto se ve ampliado con incorporaciones de lujo como Chick Corea o Manolo Sanlúcar. Un disco abierto con composiciones libres como la que da nombre al trabajo o la sensible Canción de amor.