dimarts, 25 de març del 2014

La última frontera del turismo


Los parques nacionales encuentran obstáculos en el refuerzo de sus actividades para atraer visitantes

 

Cada año, 10 millones de personas visitan los 14 parques nacionales de España. Solo algo más de cuatro millones de la Península. Lo abrumador es que estas cifras esconden un hecho: que los ingresos de este turismo son escasos. Ello se debe, afirman los expertos, a la poca fidelización de los parques sobre los visitantes, algo que, además, junto con la crisis, ha provocado un descenso de las visitas. Al contrario de lo que ocurre en los parques nacionales de Estados Unidos, donde los turistas se pasan días en su interior, en España la mayoría ni siquiera pernocta en sus pueblos aledaños. “Llegan, echan un vistazo, y se van”, dice Ignacio Alonso, presidente de ANETA, la asociación de las empresas de turismo activo, “porque no encuentran una oferta activa para quedarse. Al final, recibes muchas visitas y pocos ingresos”.
Esta situación preocupa a los responsables turísticos de algunas de las autonomías que tienen parques nacionales, a los empresarios locales y a los Ayuntamientos situados en la orla de estas reservas. Mientras Picos de Europa recibe un millón y medio de visitantes y Ordesa o Sierra Nevada más de 600.000, otros como Doñana o Monfragüe no llegan a los 300.000.
Hay, pues, cierta ansiedad por aumentar la afluencia y buscar medios de retenerla más tiempo para que deje más dinero en la zona. Esto porque, si nadie discute que el objetivo primero de la creación de estas reservas es asegurar su conservación, lo que obliga a ser cuidadosos con su uso, se considera también que los parques deben ayudar a la fijación de las poblaciones rurales y al fomento del turismo interior. “Pensamos que en el entorno de los parques”, dice Basilio Rada, director general de OAPC (Organismo Autónomo de Parques Nacionales), “es interesante el turismo rural. De hecho, el objetivo de la ley de parques nacionales de 1906, además de conservar la fauna y la flora, fijaba que era construir vías de acceso para que la gente los pudiera visitar”.
Y esto es bueno para todos. “Los parques, como focos de turismo sostenible, generan desarrollo. En Cazorla, en Ordesa, hay hoteles, restaurantes, tiendas. El pueblo pasa de 3.000 vecinos en invierno a 8.000 en verano”, prosigue. Para Esperanza Perea, directora general de Espacios Naturales de la Junta de Andalucía, “estos parques asientan la población y originan decenas de pequeñas empresas”. Por no hablar de que la tributación de esas actividades turísticas ayudaría a mantener los parques, que salen caros.
Los 14 parques naturales españoles reciben 10 millones de visitantes al año
“Entre personal de administración, monitores, personal de limpieza o retenes forestales, la plantilla en Monfragüe es de 179 personas”, explica Enrique Julián, director general de Medio Ambiente de la Junta de Extremadura. A lo que hay que añadir las inversiones. “Desde 2007 se han invertido unos 17,5 millones de euros en apoyo socioeconómico, instalaciones o soterramiento de tendidos eléctricos”, dice.
De ahí que algunas autonomías, en línea con el proyecto de Parques Nacionales del Gobierno, quieran mejorar el atractivo de sus parques. Andalucía, con dos (Sierra Nevada y Doñana), quiere recibir más visitantes y crear una marca para su promoción: “Parques de Andalucía”. El propósito es idear propuestas para que los visitantes pasen, no unas horas, sino varios días. Lo que hay no es suficiente. En los pueblos circundantes hay cierta infraestructura, aunque, en general, es escasa y de calidad mediana. Se está buscando también el modo de ofrecer más opciones en el interior de los parques.
El problema es que tienen muchas limitaciones. En la mayoría se puede hacer poco más que caminar a pie o integrarse en un grupo al mando de un guía. Actividades como el rafting, el cañoning, el piragüismo o las escaladas están en general restringidas a las áreas adyacentes. “Aún se pueden hacer muchas cosas, pero la idea es que se desarrollen alrededor, incluidos los deportes de naturaleza”, dice Perea. Julián afirma que “se están estudiando iniciativas para que la gente alargue la estancia en Monfragüe, en turismo gastronómico, artesanía o habilitación de rutas”. También hay un proyecto para poner un microbús eléctrico y se estudia la posibilidad de navegar en una pequeña parte del Tajo dentro del parque, limitada al 5% del cauce del río. “Hacerlo en el resto pondría en riesgo la fauna”, dice.
Pese a ello, apenas generan ingresos turísticos por las cortas estancias
Estas limitaciones no gustan a los profesionales del turismo activo. “Los parques están totalmente infrautilizados. Hemos creado empresas para actuar ahí, con total respeto, pero no hacemos ni el 10% de lo que quisiéramos”, se queja Alonso, de ANETA. Él montó su empresa en un pueblo cercano a un parque andaluz y al final tuvo que desistir. Otro proyecto suyo, una tirolina gigante, con más de dos kilómetros, está también paralizado. Dados estos condicionantes no parece que vaya a haber una “revolución” en el modelo de negocio de los parques, tal como se ha interpretado tras la aprobación de la Ley de Parques Nacionales. “Pero es que la ley no fue diseñada con esa intención, sino con la de implementar un modelo coordinado y en red”, asegura Rada.
“La ley permite las actividades económicas posibles”, asegura Perea, preocupada, eso sí, de que el texto abra la vía a la caza comercial, “por presión de algunos propietarios”, dice. Pero, algo debe de tener para que suscite reacciones encontradas entre los responsables autonómicos. Canarias ha rechazado un mayor uso turístico en sus cuatro parques, que reciben ya 5,5 millones de visitantes. La polémica saltó también entre los Gobiernos de Asturias y Castilla y León, que comparten con Cantabria el parque de Picos de Europa. Mientras que en Asturias se insiste en que la prioridad es la preservación ambiental, en Castilla y León se prefiere favorecer el turismo y el desarrollo de los pueblos.
Pero, la discusión se ha iniciado y la veda está abierta. Habrá, al menos se intentará, más visitantes y quizá una mayor tolerancia con actividades ahora desaconsejadas. ¿Significa esto que los pragmáticos le ganarán la partida a los ecologistas? “No creo que nadie vaya a ganar sino que todos trataremos de que siga habiendo un equilibrio entre ambos. Nosotros no nos oponemos a que haya más actividad económica, siempre que no afecte los objetivos de conservación. De otro modo, mataríamos la gallina de los huevos de oro”, reflexiona Esperanza Peda.

dijous, 20 de març del 2014

A los políticos les da miedo hablar de contaminación

U

El investigador lidera un proyecto de predicción de calidad del aire

no no espera encontrarse algo así en el interior de una capilla neogótica. Casi en penumbra, entre capiteles de piedra, arcos de medio punto y coloridas vidrieras, aparecen decenas de armarios refrigerados en los que parpadean miles de lucecitas. José María Baldasano muestra con orgulloel superordenador MareNostrum, uno de los cerebros electrónicos más potentes de Europa, situado en esta capilla desacralizada de lo que fue la residencia de la familia Girona. Hoy el edificio pertenece a la Universidad Politécnica de Cataluña y el MareNostrum, que está a punto de cumplir 10 años, ha ayudado a sacar adelante más de 3.000 proyectos de investigación.


Caliope, la niña bonita del catedrático de Ingeniería Ambiental Baldasano, es uno de ellos. Este sistema de predicción de calidad del aire le ha tenido ocupado los últimos ocho años. Gracias a la capacidad del superordenador, Caliope tiene una resolución nunca vista en este tipo de sistemas de predicción. “Usamos varios datos en tiempo real: meteorológicos (temperatura, precipitación, humedad...), de emisiones y de calidad del aire. Después aplicamos unos algoritmos matemáticos para corregir desviaciones y obtenemos unos pronósticos muy fiables hasta a 48 horas”, explica Baldasano en un restaurante cercano a su despacho donde suele ir a comer al mediodía.

Caliope nació como un proyecto de investigación financiado por el Ministerio de Medio Ambiente. Últimamente, Baldasano y su equipo han decidido darle un enfoque más práctico, más cercano al ciudadano. Por eso, además de poder consultar en su web las predicciones, tambiénhan creado una aplicación para móviles. “Nos escribe gente con asma que la usa y que agradece tener una herramienta que le permita, por ejemplo, saber si por la tarde va a haber mucha o poca contaminación y decidir si pueden salir a correr”. El investigador cuenta que siempre, ya desde la licenciatura en Químicas, le interesaron los temas ambientales. Pasó por la calidad del agua, luego estudió los residuos y ha terminado especializándose en calidad del aire.
No es solo por el reto científico. “La contaminación tiene gran repercusión en la salud de las personas”, afirma. “Los ciudadanos tienen derecho a estar informados y a respirar aire limpio”. Su proyecto contribuye a eso, a cubrir las carencias de información de las Administraciones. “Tenemos un problema con los políticos. Tienen un miedo atroz a dar información sobre contaminación. No quieren tocar el tema. Creen que les puede quitar votos o que puede generar alarma en la población. Y se equivocan. La gente sabe entender la información más de lo que creen. Otros países tienen esto mucho más asumido”, señala Baldasano.
La calidad del aire, que debería ser una cuestión técnica, es en realidad un problema político, viene a decir. Ni Madrid ni Barcelona cumplen los estrictos estándares de calidad del aire de Bruselas. Y las medidas que se están tomando son “estéticas”, critica. “Tenemos que hacer las ciudades más humanas. No digo que haya que sacar los coches. Hay que buscar un equilibro entre el medio ambiente y la movilidad. Hay que limitar el acceso a una parte de los coches. Si queremos cumplir con Europa, un 35% del parque debería ser eléctrico, por ejemplo. Es una decisión política, pero en España los lobbies energéticos y de fabricantes de coches son muy fuertes”.

dimarts, 18 de març del 2014

La pérdida de hielo en Groenlandia se acelera por el calentamiento



En la zona del Noreste de la gran isla del Ártico, la masa helada se reduce en 10 gigatoneladas al año


La capa helada del noreste de Groenlandia, que había permanecido estable desde al menos el último cuarto del siglo XX, se está reduciendo a un ritmo acelerado. En la última década, y debido al calentamiento, la masa de hielo allí disminuye en unas 10.000 millones de toneladas al año, lo que tiene un impacto nada despreciable en la subida global del nivel del mar. Lo han detectado unos científicos al analizar los datos de la red de medio centenar de estaciones GPS en la región, que permite pesar el hielo que aplasta la base rocosa; cuando el hielo se funde, la roca que tiene debajo responde elevándose. Además, han combinado esta información con los registros de cuatro satélites estadounidenses y europeos.
Se conocía ya la notable pérdida de hielo en casi todo el borde de Groenlandia, excepto en el Noreste, una zona especialmente fría donde el desplazamiento de los glaciares hacia el mar estaba frenado en la costa precisamente por los bloques helados del Ártico. Pero esa barrera costera se está reduciendo, con lo que se acelera el avance de los glaciares de toda la cuenca de Zachariae. Además, el calentamiento en la zona provoca el adelgazamiento de la capa helada y la misma fusión del hielo acelera su avance, señalan Shfaqat A. Khan, científico de la Universidad Técnica de Dinamarca y líder del equipo, que presenta su descubrimiento en la revista Nature Climate Change.
“Este estudio demuestra que la pérdida de hielo en el Noreste se está acelerando, lo que significa que todos los márgenes de la capa helada de Groenlandia son inestables”, resume Michael Bevis, de la Universidad del Estado de Ohio (EE UU). Khan y sus colegas han utilizado los datos de la elevación del hielo de Groenlandia, desde 1978 a 2012, para estimar los cambios de grosor cerca de la costa y así han descubierto la inestabilidad del Noreste desde hace una década, cuando el incremento de las temperaturas del aire en la región dispararon la dinámica del adelgazamiento de los glaciares.
Para dar una idea del alcance del fenómeno, la Universidad del Estado de Ohio señala que el hielo de Zachariae se ha retirado unos 20 kilómetros en los últimos 10 años, mientras que uno de los glaciares más dinámicos de Groenlandia, el Jakobshavn, en el Suroeste, ha retrocedido 35 kilómetros en 150 años.
La cuenca del Zachariae supone el 16% del hielo de la gran isla ártica, por lo que el deshielo acelerado tendrá un impacto nada despreciable en la subida del nivel del mar a escala planetaria. Y lo modelos de proyección del clima, hasta ahora, cuentan con un deshielo apenas significativo en esa región, advierten los investigadores en su artículo. “La capa helada de Groenlandia es uno de los principales contribuyentes de la subida global del nivel del mar en los últimos 20 años, dando cuenta de 0,5 milímetros de aumento por año del total de 3,2 milímetros anuales año”, explican. Ahora, los nuevos datos sugieren que “la contribución de Groenlandia a la subida del nivel del mar puede ser incluso mayor en el futuro”, apunta Bevis. Por ello, este hallazgo es preocupante, advierte Khan.

 


dijous, 6 de març del 2014


Refugio de mandatarios y personalidades de todo el mundo, enclave de especies en peligro tan emblemáticas como el lince ibérico y el águila imperial

El parque nacional cumple medio siglo como reserva biológica

Este es un viaje a sus secretos a través de quienes mejor lo conocen

 

En una choza hecha de madera y junco en la veta de Las Carabiruelas, en medio de la marisma de Doñana, donde reinaron siempre el paludismo y los señoritos, nació José Boixo un 30 de septiembre de 1935, diez meses antes del inicio de la Guerra Civil. Doñana era entonces uno de los cotos de caza más grandes de España, un lugar aislado en la margen derecha del Guadalquivir donde aristócratas y reyes iban a matar venados, jabalíes, patos, linces, zorros y otras alimañas, también Alfonso XIII, que durante catorce años fue cada invierno de montería antes de refugiarse en Roma.
En aquel tiempo, Doñana era virgen y salvaje y solo había pasado por manos de unas pocas familias. Durante seis siglos, el coto perteneció a los duques de Medina Sidonia, hasta que en 1900 Guillermo Garvey lo compró por 150.000 duros y más tarde lo recibieron en herencia los duques de Tarifa. En 1935, tras la muerte de estos, los marqueses de Borghetto obtuvieron la propiedad de las 27.000 hectáreas en pago de una deuda, y más o menos por aquellos días el padre de Boixo se mudó del Coto del Rey a la marisma de Hinojos a cuidar las reses de unos ganaderos de Villamanrique de la Condesa.

Colonia de reproducción de flamencos en el parque nacional. Algunos años crían hasta 20.000 parejas en los islotes de las marismas. / Héctor Garrido Guil
La marisma era un territorio inhóspito que ni siquiera los ingleses habían logrado domar, pese a que trataron de cultivar algodón y arroz en los años veinte sin éxito. Solo había por estas tierras unos cientos de carboneros, mieleros, piñeros, salineros, leñadores, aparceros, arrieros y –los dos oficios más deseados– guardas y caseros de los palacios de Doñana y de las Marismillas.
“La vida aquí era muy dura… muy dura”, recuerda Boixo ante uno de los alcornoques centenarios del coto, hoy parte de un espacio natural protegido que se ha ido ampliando hasta 108.000 hectáreas, del que son su corazón la estación biológica y el parque nacional de Doñana, declarado reserva de la biosfera y patrimonio de la humanidad por la Unesco.
El humedal, que abarca territorios de las provincias de Sevilla, Huelva y Cádiz, es el más importante del continente, con varios ecosistemas diferentes y una situación privilegiada entre Europa y África, donde cada año pasan el invierno cientos de miles de aves acuáticas y se conservan especies al borde de la extinción como el lince ibérico y el águila imperial. Doñana es, además, “un icono internacional de la conservación”, asegura Juan José Negro, director de la estación biológica, que ahora cumple 50 años de su fundación por José Antonio Valverde, el naturalista que logró concienciar al mundo de la importancia de preservar el lugar cuando, bajo el franquismo, empezaba a urbanizarse la playa y desecarse la marisma para cultivar, lo que hubiera supuesto su final.
“Si Valverde llega a venir más tarde, esto no existiría”, dice Boixo, que entre 1965 y 2000 fue guarda mayor de la estación biológica, hoy una institución científica de prestigio internacional adscrita al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en cuya plantilla hay 47 investigadores.
Doñana era un joven condenado a muerte; ahora es una persona mayor, pero indultada, dice Miguel Delibes de Castro, exdirector de la estación biológica.
Estamos en la Cota 32, una de las alturas privilegiadas de Doñana, desde donde Boixo mira al Charco del Toro, una laguna hoy totalmente seca. Al sur se ve Matalascañas, pueblo turístico que en verano multiplica por 40 su población hasta sobrepasar los 100.000 habitantes. Al llegar a Matalascañas desde Almonte se ven en la carretera los cuatro o cinco pozos que extraen agua para esta comunidad del acuífero 27, el mismo que nutre Doñana. Los pozos están a unos pocos metros del linde del coto y, según organizaciones ecologistas, son uno de los problemas graves que atentan contra Doñana junto a los más de mil pozos ilegales que riegan los cultivos de fresa y arándanos en la zona.
“Desde que hicieron el campo de golf en Matalascañas nunca más se ha llenado el Charco del Toro ni otras lagunas de por aquí cerca”, afirma Boixo, que ha vivido aquí toda su vida. “Yo solo salí de aquí a hacer la mili, era de la quinta del 56”, dice mientras observa con nostalgia los paisajes de toda su vida: están las dunas móviles, que avanzan desde el mar hacia el interior sepultando pinares que después vuelven a resurgir petrificados; el monte y el bosque mediterráneo, rico en flora y fauna, donde los antiguos dueños introdujeron ciervos, gamos y otros animales para repoblar sus cazaderos; la fértil vera, donde se unen el monte y la marisma, y la inmensa planicie marismeña, con sus lucios y sus aguas someras que en invierno se llenan de patos, garzas, flamencos, espátulas y decenas de especies de aves acuáticas.

'Doñana expedition' de 1957, en la puerta del palacio de Doñana. Entre ellos, el famoso fotógrafo Eris Hosking, los ornitólogos James Fergusson y Guy Mounfort, y personalidades como Julian Huxley, Max Nicholson y lord y lady Alanbrooke, así como José Antonio Valverde y Mauricio González Gordon. / Estación biológica de Doñana.  A los nueve años de edad, Boixo mató su primer lince, cuenta durante un paseo por el coto. “Estaba fuera de mi casa con la escopeta y disparé a algo que se movía. Entré corriendo: ‘Papá, papá, he matado un león’; ni yo mismo sabía lo que era aquello”. Era el año 1944 y ya los Borghetto habían vendido 17.000 hectáreas de su propiedad al marqués de Bonanza (Manuel González Gordon), el marqués de Mérito y Salvador Noguera, que constituyeron la Sociedad del Coto del Palacio de Doñana.
“En aquel tiempo, los dueños te pagaban por matar depredadores y alimañas. Un lince eran cuatro duros; un zorro, tres duros; un milano o un águila, tres pesetas; una comadreja, dos”. Hasta los 14 años, a eso se dedicó, hasta que en 1952 Franco ordenó plantar eucaliptos en Doñana para producir celulosa bajo amenaza de expropiación, y durante años José Boixo estuvo trabajando en eso.
“Todavía hoy se están arrancando aquellos árboles”, cuenta Héctor Garrido. Héctor es fotógrafo y censador de aves de Doñana desde 1991, y en estos momentos la avioneta en que realiza el censo de enero de 2014 sobrevuela Los Sotos, en la zona noroeste del parque nacional, donde se ve abajo varios hombres que trabajan quitando eucaliptos. “Es un árbol que hace mucho daño en Doñana pues demanda mucha agua, empobrece el suelo y modifica los ecosistemas originales”, explica Garrido. La avioneta vuela bajo y pasa por el ojo de Martinazo, la laguna de Santa Olalla, el cerro de los Ánsares, el lucio de Mari López, la punta de Malandar, el brazo de la Torre y otros lugares espectaculares de donde salen miles de patos cuchara, cercetas y silbones, además de varias bandadas de moritos, una de las especies que habían desaparecido completamente en los años cuarenta y que hoy es muy abundante.
Pese a que este invierno casi no ha llovido, desde el cielo el coto se ve majestuoso. Hay lucios y lagunas con bastante agua y allí se observan las mayores concentraciones de pájaros. Cuando dentro de dos horas y media termine el vuelo, Héctor habrá contado 30.000 ánsares, 25.000 flamencos, 50.000 agujas colinegras y 95.000 patos…, en total, cerca de 300.000 aves acuáticas. “Algunos años buenos de lluvia hemos censado hasta 750.000 aves en el invierno”, dice al ayudante de Héctor, José Luis, mientras desde el aire señala unas marcas de ruedas que surcan la marisma. Son las rodadas de los camiones que realizan trabajos forestales dentro del coto y que en vez de coger siempre por el mismo lugar cruzan por donde les viene en gana. “Eso es fatal, porque esas marcas son profundas y duraderas y alteran el delicado equilibrio de la marisma”, señala Héctor.
José Boixo, guarda mayor de la reserva biológica de Doñana entre 1965 y 2000, junto al esqueleto de un alcornoque muerto. / Estación biológica de Doñana. Desde la altura se ve la maravilla que es Doñana, pero también todos los peligros que lo acechan, la mayoría exteriores, empezando por la agricultura.    El parque nacional está rodeado por 40.000 hectáreas de cultivos de arroz y otras 6.000 hectáreas de fresas y otros frutos de invernadero, cubiertas por gigantescos plásticos. Los pesticidas que se emplean, aunque de un modo u otro afectan al entorno de Doñana, no son el principal problema, sino “otros, como el robo del agua por los pozos ilegales y la sobreexplotación del acuífero, el mal estado del estuario o el dragado del Guadalquivir”, asegura desde tierra Felipe Fuentelsaz, representante de la ONG World Wildlife Fund (WWF).
Coincidiendo con el 50º aniversario de la creación de la estación biológica, WWF ha hecho un informe a la Unesco y el resto de las organizaciones internacionales que velan por la conservación de Doñana en el que se alerta sobre la peligrosa situación en que se encuentra el parque y se denuncia la mala gestión y el incumplimiento, por parte del Gobierno y la Junta de Andalucía, de 16 de las 18 recomendaciones hechas por la Unesco en 2011 para asegurar el futuro del humedal más emblemático de Europa.
“Doñana está casi en la UVI”, resume Fuentelsaz. Su opinión es compartida por algunos trabajadores del parque, aunque científicos como Fernando Hiraldo y Miguel Delibes de Castro, ambos exdirectores de la estación biológica, consideran el diagnóstico exagerado. “Antes, Doñana era un joven fuerte pero condenado a muerte; ahora es una persona mayor, con menos fuerza, pero indultado”, afirma Delibes, de 67 años, director de la estación entre 1988 y 1996.
Delibes conoce bien Doñana, pues llegó aquí a los 27 años captado por Valverde y dejando atrás un trabajo mucho más rentable con Félix Rodríguez de la Fuente. “Doñana ha sido casi toda mi vida”, indica, señalando que al comienzo la estación tenía 6.671 hectáreas y hoy, “aunque las agresiones exteriores son muchas”, el área protegida es de más de 100.000 hectáreas.

El exmandatario de la antigua URSS Mijaíl Gorbachov y el expresidente español Felipe González (ambos, en pantalón corto), en la entrada del palacio de Doñana, durante la visita que el primero realizó a principios de la década de los noventa. Detrás de Gorbachov, el entonces director de la estación biológica, Miguel Delibes de Castro. / Estación biológica de Doñana.
La historia de cómo se salvó este paraje privilegiado que sigue asombrando hoy a ornitólogos y naturalistas de todo el mundo tiene que ver con la voluntad de José Antonio Valverde y también con la ciencia. Sin duda, fue fundamental la repercusión que tuvieron las expediciones científicas internacionales que en los años cincuenta visitaron el coto, en especial la Doñana expedition de 1957, integrada por los ornitólogos de campo James Fergusson, J. Parrington y Guy Mounfort –que en 1958 publicaría Portrait of a Wilderness–. También el mejor fotógrafo de naturaleza del momento, Eric Hosking, y personalidades como Julian Huxley, Max Nicholson y lord y lady Alanbrooke. Mauricio González Gordon, uno de los dueños de Doñana, fue el anfitrión, y Valverde, invitado de última hora.
Lo que vieron les impresionó, y José Antonio Valverde contó después con su respaldo y el del naturalista suizo Luc Hoffman, primer vicepresidente de WWF. Esta organización se creó en 1961 con el fin de proteger la naturaleza, pero sobre todo para recaudar los 33 millones de pesetas necesarios para comprar –el 30 de diciembre de 1963– las 6.671 hectáreas que formarían la primera reserva biológica de España y que fueron donadas al CSIC un año después con fines de investigación y conservación. Seis años más tarde, WWF adquirió otras 3.124 hectáreas en la marisma de Aznalcázar, cuya gestión también cedió al CSIC, y ese mismo año de 1969, Valverde logró que el Gobierno de Franco creara el parque nacional de Doñana, con otras 35.000 hectáreas.
De ser un “mal bicho” que se pasaba el día cazando linces, meloncillos y águilas, hoy especies protegidas, Boixo pasó a preservarlas y a perseguir a los furtivos que entraban al coto a matar ciervos y jabatos. Valverde lo nombró guarda mayor de la reserva en 1965 y entonces Doñana, más todavía, se convirtió en su vida. “Lo primero que hicimos fue numerar con tablillas todos los alcornoques centenarios que había, que eran 454”. Entre ellos estaban los impresionantes ejemplares de La Pajarera, un verdadero espectáculo de árboles donde cada año anidan cientos de cigüeñas, garzas y espátulas.
La lucha entre los pájaros y los alcornoques existía ya entonces. Las deyecciones de las aves sulfataban el suelo circundante y los árboles se secaban lentamente. Hoy, debido a una enfermedad que afecta a las raíces más finas de la planta y no les permite tomar agua, los alcornoques infectados mueren en menos de un año. La ciencia investiga y, al parecer, hay un posible remedio que ha funcionado en otras especies de árboles, pero la dirección del parque nacional –que pertenece a la Junta, mientras la estación biológica depende del CSIC– no acaba de tomar la decisión de experimentarlo con algunos alcornoques, y los árboles siguen muriendo. “Doñana es mucho Doñana”, reconoce uno de los gestores del parque. Para hacer cualquier cosa, uno se lo piensa.
En aquel tiempo, los dueños te pagaban por matar depredadores y alimañas. Un lince eran cuatro duros; un zorro, tres duros, y un águila, tres pesetas.
“Hoy quedan poco más de 200 alcornoques”, se lamenta Boixo, que se detiene ante un palmito rodeado de arbustos y zarzas en Santa Olalla, en medio del coto, donde predomina el monte viejo, algo que disgusta al antiguo guardés, pues, dice, habría que desbrozarlo.
“Este palmito le gustaba mucho a Felipe”. Felipe es Felipe González, y fue el primer presidente de la democracia que utilizó el coto para pasar su tiempo libre e invitar allí a políticos extranjeros. “Al que más le gustaba era a Helmut Kohl”, recuerda González, que todavía hoy afirma que lo único que echa de menos de ser presidente del Gobierno es “disfrutar de Doñana”. Cuenta Delibes que un día Felipe invitó a Kohl a ir al cerro de los Ánsares a ver la llegada espectacular de miles de gansos salvajes. “Es al amanecer, hay que levantarse temprano”, le dijo Felipe. “¿A qué hora?”, respondió. “A las seis”. “Hombre”, contestó el excanciller alemán, “a esa hora yo ya llevo un buen rato combatiendo contra el socialismo”.
González también invitó a Gorbachov después del golpe de Estado en la antigua URSS. “Aunque Felipe le explicó varias veces que el palacio de Doñana era una institución pública, no hubo forma; al despedirse escribió en el libro de vistas: ‘Muchas gracias a Felipe González por haberme invitado a su dacha”, recuerda Delibes.

González se quedaba en el palacio de Doñana, mucho más austero que el de las Marismillas, donde se alojaron Aznar, Zapatero y ahora Rajoy. A Zapatero lo que le gustaba era aislarse. hacía 10 kilómetros de footing por la playa. Aznar también corría, pero tramos de sprint y se cronometraba. Rajoy lo que hace es andar. “A Felipe, en cambio, le gustaba pasear con los guardas, hablar con los pescadores, socializar con la gente”, cuenta José María Pérez de Ayala, responsable de atender las visitas institucionales.
Un radiocasete de un coche interrumpe la paz de la marisma. Aparece un jeep Toyota, y después otro vehículo 4×4, y otro, y otro más. Sus ocupantes van de juerga. “Son de las hermandades rocieras”, explica Héctor. Hay más de cien hermandades, y algunas poseen 10.000 miembros. Decenas de ellas tienen derecho a pasar por Doñana y a pernoctar durante la romería del Rocío (50 días después de Semana Santa), pero también en otras dos fechas de su elección, como hoy. Muchos tiran papeles y desperdicios.
Está el Rocío… Los pozos ilegales. Y los planes de dragado del Guadalquivir o de hacer un oleoducto, pero en medio de estas amenazas Doñana resiste y otras muchas cosas alientan. Cuando en 2003 comenzó a funcionar el Centro de Cría del Lince Ibérico de El Acebuche, la población de linces en Doñana estaba a punto de extinguirse. Hoy, en los cuatro centros de cría que ya existen en la Península hay 143 ejemplares, 44 de ellos cachorros nacidos en 2013, además de tres centenares de ejemplares en libertad. Once parejas de águilas imperiales anidan en el parque y se han recuperado especies de aves acuáticas como el morito. Cincuenta años después, muchos peligros acechan a este antiguo coto de señoritos. Pero la aventura de su vida continúa.

dimarts, 4 de març del 2014

Diez métodos para reducir el derroche de comida

Cada año se desperdicia en el mundo entre un cuarto y un tercio de los alimentos que se producen

La cantidad de comida que se desperdicia en el mundo se puede ejemplificar de muchas maneras, todas preocupantes: los países desarrollados desaprovechan entre 250 y 300 kilos por persona y año; en el África subsahariana y el sudeste asiático se pierde el equivalente a entre 400 y 500 calorías diarias per cápita; la superficie de la tierra dedicada a producir alimentos que se malgastan equivale a la de Canadá y la India unidas. Este despilfarro representa entre un tercio y una cuarta parte de los 4.000 millones de toneladas de comida que se producen anualmente en el planeta, según destaca un informe del Banco Mundial (BM).
El desperdicio cero resulta inalcanzable, pero el margen de mejora es amplísimo. José Antonio Cuesta, autor del estudio, explica que no hay una serie estadística que permita observar tendencias, pero se muestra convencido de que no va a la baja. “Los únicos datos fiables que tenemos son de EE UU y Reino Unido, donde el desperdicio ha crecido en los últimos años. No podemos tomar estos países como referencia, ya que tienen unas características socioeconómicas muy concretas que no son extrapolables a buena parte del mundo, pero sí muestran que queda mucho por hacer”, resume.
Las soluciones son múltiples, algunas de un gran coste económico en infraestructuras, otras que requieren solo pequeñas inversiones y algunas que atañen a la concienciación de los consumidores y distribuidores. La mayoría del dispendio innecesario de alimentos se reparte en las fases de consumo (35%), producción (24%) y almacenamiento de la comida (24%). En cada etapa de la cadena hay posibilidades de mejora, que se pueden dividir en dos grandes bloques: las que conciernen mayoritariamente a los países desarrollados (donde se despilfarra el 56% de los alimentos del planeta) y las del resto (que pierde el 44% restante).
A lo largo y ancho del planeta, los países están implementando fórmulas para atajar este derroche. Entre ellas:

Países en desarrollo

1. Refrigeradores de vapor. Los sistemas de almacenamiento en países en desarrollo pueden verse afectados por numerosos factores: cortes del suministro eléctrico, monzones, conflictos que retrasan los repartos. Para evitar que la temperatura de la comida dependa de la electricidad, países como Tanzania o India están usando refrigeradores que utilizan el vapor generado por los propios alimentos cuando les da el sol para mantener su temperatura. De esta forma se evita que algunas cosechas se echen a perder por el calor.
2. Cajas rígidas. Soluciones tan simples como utilizar cajas rígidas similares a las que usan habitualmente las fruterías de los países desarrollados suponen la diferencia entre perder cientos de kilos de alimentos por golpes y aplastamientos o aprovecharlos. En Afganistán, por ejemplo, se están sustituyendo las bolsas tradicionales por estos recipientes para los tomates.

Lo que más se desperdicia

Al medir en peso, la fruta es sin duda el tipo de alimento que más se desperdicia en el mundo. Supone un 44% de las alrededor de 1.300 millones de toneladas de comida que se despilfarran anualmente, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Le siguen las raíces y tubérculos (20%), los cereales (19%) y, a más distancia, la leche (8%).
Sin embargo, como señala el informe Reduciendo el desperdicio y la pérdida de alimentos del World Resources Institute, entre estos tipos de alimento varía mucho el aporte calórico por kilogramo. Por ejemplo, un kilo de harina de trigo contiene un 12% de agua y 3.643 kilocalorías, mientras que uno de manzanas, de media, tiene un 81% de agua y 1.704 kilocalorías. “Por esa razón, medir por el peso no refleja de forma coherente la energía desperdiciada que podría haber sido consumida por la población”, apunta.
Su alternativa es cuantificar las calorías. De esta forma, los cereales se situarían en cabeza de la lista, con un 53% de la energía perdida. Le siguen raíces y tubérculos (14%) y frutas y verduras (13%).
3. Bolsas de plástico selladas herméticamente. Es otra solución sencilla que puede evitar que plagas de insectos devoren cosechas recolectadas. Los agricultores en Nigeria están empezando a emplearlas para las semillas.
4. Silos de metal. Normalmente, las cosechas son trasladadas a grandes silos. Entre el transporte y el almacenaje, el alimento pasa por fases en las que suele haber pérdidas. Kenia está experimentado con recipientes metálicos más pequeños, que pueden ser usados por familias y comunidades para conservar mejor la comida y evitar mermas en el proceso.
5. Infraestructuras. Si las soluciones hasta ahora eran baratas y fáciles de poner en marcha, esta requiere de grandes inversiones: mejorar las carreteras, las líneas eléctricas y los sistemas de transporte de los países en desarrollo ayuda a aprovechar mejor los alimentos.

Países desarrollados

6. Reducir las ofertas. Las promociones de dos por tres son el clásico ejemplo de inducción al desperdicio, ya que el consumidor compra más de lo que realmente necesita y a menudo acaba tirándolo.
7. Eliminar los contratos de mínimos. Muchos supermercados occidentales acuerdan con los agricultores adquirir un número determinado de kilos de comida, de forma que si por algún contratiempo se recolecta menos, el contrato queda invalidado. Esto provoca que los productores siembren más de esa cantidad para compensar posibles pérdidas, de forma que si todo va bien, acaban sobrando alimentos que finalmente se tiran.
8. Permitir donaciones. Hay países, como EE UU, que tienen prohibido a los restaurantes donar alimentos porque ya han sido expuestos. Cambiar estas reglas para que cuando sobren se puedan aprovechar ayudaría a desperdiciar menos comida en el sector de la hostelería.
9. Evitar compras impulsivas. Esto pasa por concienciar al consumidor de adquirir solo lo que cree que va a gastar, huir de las antedichas ofertas y planificar lo que va a comprar antes de ir a la tienda.
10. Reciclar. Cuando en las casas sobra comida, es recomendable reusarla para otros platos, como se hacía tradicionalmente con el pollo y las croquetas, por ejemplo. Es una costumbre que se está perdiendo por el cambio de hábitos en la cocina, que deja menos tiempo para preparar los alimentos.
Muchas de las circunstancias. que hacen desperdiciar alimentos son, sin embargo, consecuencia de otro tipo de progresos, como señala Alicia Langreo, directora de la sociedad de estudios Saborá, especializada en sistema alimentario. Se refiere, por ejemplo, al último punto de este decálogo: "Se pasa menos tiempo en la cocina porque la mujer se ha incorporado al mercado de trabajo y eso es algo que no queremos cambiar. También se desperdicia más porque los alimentos son baratos y a muchas personas no les merece la pena andar reciclando. Sin embargo, tampoco es deseable que los precios suban".
Ciertas normativas alimentarias, como sucede con la europea, también favorecen, en cierta medida, que se desperdicie más comida. Es el caso de los restos animales que antes se destinaban a piensos, algo prohibido desde la crisis de las vacas locas. "Es una cuestión de seguridad alimentaria", apunta Langreo quien señala la concienciación y una mayor cultura sobre la comida como posibles soluciones al despilfarro. "Lo que está claro es que algo estamos haciendo mal cuando un tercio de la población tiene sobrepeso o pasa hambre", sentencia.